"Ya en confianza" Por Lulú Petite

Es asombroso cómo un gesto tan simple como sonreír, puede ser un medio de comunicación tan eficaz...
Lulú Petite
11/07/2013 - 07:25

Querido Diario:

Toc, toc, toc. Me abre la puerta un hombre.

-¿Cómo te llamas?- Le pregunto.

-Axel- responde mirando al piso, luego saca de la bolsa en su camisa unos billetes doblados por la mitad y los extiende hacia mí sin decir más. Son mi pago. Las manitas le tiemblan. Tomo el dinero, lo guardo en mi bolso y paso a la habitación. La examino en silencio lentamente como si nunca antes hubiera estado allí.

Se me queda viendo. Le coqueteo con una sonrisa que él responde con otra. Es asombroso cómo un gesto tan simple como sonreír, puede ser un medio de comunicación tan eficaz.

Repaso los muebles, las cortinas, todo. Pongo mi bolsa en el buró, saco los condones y el lubricante. Los dejó a la vista. Él no lo sabe, pero le estoy dando tiempo para que calme sus nervios y se recupere.

Verme junto a la cama, sacando las herramientas para lo nuestro, le ayuda a entender que está en buenas manos, que sé lo que estoy haciendo. La sonrisa le devuelve la calma.

-¿A qué te dedicas Axel?- suelto de pronto.

-¿Eh?… soy arquitecto…

-¡Ah qué padre! Me gustan los arquitectos.

Supongo que a un cliente primerizo (y a él se le notaba que lo era), le ayuda saber que está con una profesional, que no vengo solamente a recoger su dinero, abrir las piernas y que se despache, eso lo encuentra en otra parte. Yo ofrezco acompañamiento y lo hago con mucho gusto.

Ciertamente, cuando recibo una llamada de un cliente me entusiasmo. Me arreglo lo más linda que puedo y voy a atenderlo con el mejor de los ánimos; con ganas de darle un buen servicio y dejarlo satisfecho. De coger sabroso, dominar la cama, experimentar posiciones, ser creativa y caliente, llenarlo de besos, dejarlo que sienta mi sexo, que me conozca, que la pasemos de maravilla y viva una experiencia distinta a la del sexo que ha tenido habitualmente.

Claro, una va haciendo callo y conociendo el negocio, cuando los veo nerviosos o tímidos, trato de encontrar la causa de su ansiedad y de ayudar a que la controle. Lo importante, según yo, es que disfrute el momento que está contratando, que sienta que ha valido la pena, que no ha pagado por un orgasmo, sino comprado un recuerdo, una experiencia, una fantasía. Para eso, el encuentro debe ser único y memorable, no podría serlo si quien lo está pagando es un manojito de nervios.

La conversación con Axel se empieza a desarrollar sin problemas. Él va ganando confianza, dándose cuenta de que no muerdo (a menos que me lo pidan). Me acerco a él, le sonrío de nuevo a unos centímetros de su cara, le tomo entre el pulgar y el índice el filo del cuello de su camisa y le digo, muy quedito:

-Estoy segura de que besas rico- Entonces cierro los ojos y abro los labios levemente, me le entrego. Me responde, como debe ser, con un beso.

Pongo mis manos en su pecho y él las suyas en mi cintura. Me aprieta las nalgas cuando siente que voy bajando mis dedos por su torso. Le acaricio el pene sobre el pantalón, lo aprieto. Lo tiene grande.

-¡Qué rico!- Le digo al oído -¿Nos desnudamos?

Él es un hombre de estatura mediana, delgado, de unos treinta y tantos años, tirándole a cuarenta, bigotito a la Pedro Infante, pecho duro, brazos fuertes, mirada tímida y nariz grande. Está nervioso, pero lo voy llevando poco a poco. Nos metemos a la cama desnudos. Él se acuesta boca arriba y se deja consentir, yo le beso los labios y voy bajando, acaricio su pecho, aprieto sus pezones entre mis labios, beso su abdomen. Tomo su pene y empiezo a masajearlo suavemente.

Él me pasa un preservativo y yo se lo pongo con la boca. Se la chupo hasta que me pide que lo monte. Me subo en él, beso sus labios y comienzo a moverme. Él se queda quieto, apretando mis muslos con cierta brusquedad, de pronto gime y se viene. Tan-tan.

La conversación después es larga y fluida. Una de las cualidades del orgasmo, además de calmar los nervios, es que suelta la lengua. Como que entre dos personas encueradas siempre se está en confianza, puedes decir lo que quieras.

Axel se divorció hace varios meses. Es un tipo de una timidez recalcitrante. Su primera novia la tuvo en la universidad, se enamoró perdidamente. Un fin de semana fueron a acampar en las faldas del Popo y allí hicieron el amor. Al año se casaron, tuvieron tres hijos que crecieron muy contentos. En cuanto se casó, empezó a trabajar en el negocio de su papá y le fue muy bien. Hoy vive holgadamente, pero atacaba de atravesar un engorroso divorcio de esa chica de quien se enamoró en la universidad. Al parecer ella se encontró otro señor que, según ella misma, si sabía cogérsela y, por lo tanto, ¡pum! Estalló la guerra, se divorciaron y resulta que yo soy la segunda mujer con la que tiene relaciones en su vida.

-¿De verdad lo hago tan mal?- Me preguntó ya en confianza.

¿Qué le contestas a un hombre cuando te hace esa pregunta queriendo una respuesta honesta?

Hasta el martes

Lulú Petite

 
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