La muerte no volvió a perdonar a policía

En su pueblo, el uniformado fue herido por una bala; el lunes perdió la batalla ante un hampón
Yara Silva
09/09/2015 - 12:52

A Florencio, la muerte lo retó dos veces. La primera pelea la ganó en su pueblo natal de Hidalgo donde fue herido por una bala; la segunda, la perdió ante un asaltante que mató,  antes de que él también muriera.

Florencio conoció el peligro hace 28 años. Tenía 31 cuando recibió la placa de la policía estatal, en Hidalgo. Allá, en el pueblo de Zempoala, portó uniforme y cargó un arma  hasta que una bala lo hirió.

Dicen quienes crecieron con él que fue la bala de un criminal lo que obligó a Florencio Pavana Zamora a buscar empleo en la policía municipal de Ecatepec. Pero de su traslado, existe otra versión. Es su hija quien cuenta que el amor a la mujer que sería su esposa, lo hizo cambiar de trabajo y de domicilio.

Ese afecto por la madre de sus tres hijos también lo animaba a buscar su jubilación. Poco faltaba para que el policía adscrito al Tercer Sector Vial dedicara sus días al cuidado de su familia. Florencio planificaba su retiro, pero lo frenaba la enfermedad de su hijo de 17 años.

Dice su familia  que Florencio sabía que una jubilación significaba renunciar al seguro médico para el adolescente que padece insuficiencia renal.

A cambio de un retiro, el policía de 59 años planeó un periodo largo de vacaciones para así festejar su próximo cumpleaños y cuidar a su hijos.

Pero esa fiesta del 22 de octubre no llegó. La bala de un asaltante al que Florencio enfrentó, mató sus intenciones.

Era de noche, casi las diez, cuando en el domicilio de Florencio Pavana se escuchó el timbre del teléfono y el golpeteo en  la puerta.

La hora, la urgencia del llamado y el no recibir respuesta en el teléfono celular de Florencio, anunciaba que algo grave había sucedido. Fue la mayor de las hijas del policía quien abrió la puerta al mensajero y a la noticia de que su padre se encontraba grave.

Aún no le anunciaban la muerte, pero la mujer sabía que su padre había muerto. No era un presentimiento, sino el saber que trabajaba en el municipio con mayor número de crímenes.

VALENTÍA.  Él, dice, no sólo era un policía que guiaba el tráfico en la 30-30. Esa era la orden del día a día, pero enfrentar a la delincuencia era su obligación.

Por eso la noche del lunes, Florencio escuchó la denuncia de quienes le pedían ayuda. Eran los testigos de un asalto a una tienda de la zona y que acusaban a un motociclista como responsable del robo.

Florencio Pavana se dirigió al establecimiento y con su arma de cargo disparó contra el criminal.  Antes de huir, el  hombre hizo lo mismo.

Herido y con el botín en sus manos, el homicida abordó una motocicleta y escapó. Su huida no llegó más allá de la Vía Morelos y del hospital donde más tarde falleció.

Esa muerte, la inseguridad de Ecatepec y la ausencia de Florencio, mantienen a la familia en el desconcierto. 

Hoy, Florencio recibirá un homenaje en explanada de Ecatepec. Su cuerpo será sepultado en el pueblo donde la muerte lo retó por primera vez.

 
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