"Lo que más vale" Por Lulú Petite

Ya sé que no me lo estás preguntando, y que si te lo pudiera contar frente a frente pondrías tu...
Lulú Petite
08/08/2013 - 06:25

Querido Diario:

Ya sé que no me lo estás preguntando, y que si te lo pudiera contar frente a frente pondrías tu jetota. Esa que hacía que los cachetes te colgaran al suelo y se te fruncieran un poco las cejas y otro poco el asterisco. No me reclamabas, porque sabías que así te iría, pero te ponías mamón y solemne como gerente de funeraria, o sacabas a pasear a los pingüinos de tu ley del hielo y dejabas de hablarme hasta que te pasaba el berrinche. Acá entre nos, parecías chiquillo, de esos que no pichan, no cachan ni dejan batear.

Podías ocultar muchas cosas, pero no tus estúpidos celos. Debo admitir, de cualquier modo, que los extraño. Eran celos tontos, porque a ti siempre te quise más, o al menos te quise distinto, pero también eran halagadores, ¿a quién no le gusta que la celen?

Claro, eso te lo digo ahora, que no puedes volarte con mis confidencias. Aceptémoslo: Te repateaba las pelotas cuando tenía novio, odiabas enterarte que estaba saliendo con alguien y no soportabas pensar en mí cogiendo con otros, pero nunca te animaste a cantármela derecho, a ver: ¿Qué tan difícil era preguntarme si quería andar contigo?

Tú lo sabes, porque además, entre broma y broma, siempre te dije que, con el tiempo, imaginaba que íbamos a terminar así, que tú y yo escribiríamos juntos el felices para siempre de nuestros respectivos cuantos porno, pero ya ves cabrón, hay que aprender que sólo tenemos el presente, que hay que disfrutar el momento plenamente, porque la vida puede dar segundas oportunidades, pero la muerte no.

El tiempo es lo más importante que tenemos y debemos usarlo bien, saber aprovecharlo. Lo que más vale, no vale lo que vale el tiempo perdido y, por si fuera poco, no hay tiempo que importe más, que el presente. Claro, eso lo entiendo mejor ahora.

La vida hay que disfrutarla hoy, exprimirle a cada día todo el jugo que sea posible. Hacer el amor, reír, jugar, conocer, preguntar, leer, gozar, aprender, besar, comprender, disfrutar. Debemos levantarnos temprano y acostarnos tarde, cansarnos todos los días, no quedarnos con las ganas de nada y, sobre todo, tener presente que venimos al mundo para ser felices y que cualquier cosa que hagamos contra ese principio, es tiempo perdido, que no se recupera.

Dejando las cosas para después siempre se corre el riesgo de que el destino nos alcance nada más para carcajearse de nuestros planes. Postergar es la manera más traicionera de no hacer, de perder por default, como dicen los futboleros. Porque no me dejarás mentir gordito de mi alma, no hay peor traidor que quien se traiciona a sí mismo. Del millón de cosas que me enseñaste, esa es la que más me dolió aprender. Sé que si hubieras hecho tu luchita habría terminado por decirte que sí, por dar mi brazo a torcer, por entregarte el tesorito (el que tengo en el pecho, no bajo los chones). Muchas veces imagino qué tal la habríamos pasado tú y yo de novios.

Con derecho o sin derecho, eras muy celoso, y aunque no dejaba de ser halagador, se notaba que te chocaba y a mí me ponía súper incómoda: mi novio no eras, pero odiabas a los que sí. Nunca me hiciste un desmadrito porque sabes que te hubiera colgado de las pelotas, pero bien que se te retorcían las tripas.

Tú además sentías celos hasta de mis clientes. Eso ya era el colmo. Te aguantabas, pero bien que te encabronabas. Sabías que no estoy dispuesta a dejar mi trabajo de un día para otro.

Contigo siempre pude ser sincera en ese tema, ni modo que no supieras de mi trabajo, si gracias a él nos conocimos y fuiste siempre el más masoquista de mis lectores, el más inquebrantable de mis críticos y el más cariñoso de mis confidentes.

Así nos conocimos y, seamos honestos, jamás habríamos terminado en la cama si hubiera sido de otra forma. Aunque cuando nos hicimos cuates parecíamos hechos la una para el otro, en la superficie somos absolutamente distintos. Tú eras la calma de un lago boscoso, yo una tormenta tropical. Nada que ver.

Claro, lo que a ti no te gustaba era compartir, pero, la verdad: prometerte exclusividad con lo bien que me conocías habría sido una mentira piadosa que difícilmente te ibas a tragar. Te la habrías vivido mal viajándote. Supongo que lo sabías y por eso le sacaste al parche, no te daba miedo que te dijera que no, lo que te daba pánico era pensar qué habrías hecho si te decía que sí. ¡Coyón! No sabes de lo que te perdiste.

Pero te decía, sin ánimo de ponerte celoso, ¿qué crees? Tengo un chorro de cosas que contarte. Pinche gordito, de verdad que esas cosas no las hace un confidente. Tanto qué decir y no tener a quién contárselo. Mal amigo, desertor. Pero te aguantas, al fin que no puedes defenderte y, te guste o no, te lo voy a contar todo.

¿Te acuerdas de mi vecino el guapo? Ese chavo nalgas paradas que, según yo se parece a Valentino Lanus y según tú tenía cara de que bateaba para el otro equipo, pues. ¿Qué crees? Lástima que no apostamos, pero de todos modos, perdiste. Le encantan las mujeres y coge delicioso.

¿Cuánto tiempo llevaba diciéndote que me encantaba? Más de un año ¿no? Pues resulta que ya se me hizo. Pero bueno, ya se me fueron hoy muchas letras en merecidos reclamos, así que del vecino mejor te cuento el martes.

Hasta entonces,
Lulú Petite

 
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