"Entre amigos" Por Lulú Petite

Llevo tanto tiempo recomendándolo como el lugar donde más cómoda me siento atendiendo a mis clientes que he terminado por conocer a todos los que allí trabajan
Lulú Petite
02/05/2013 - 05:55

Querido Diario:

 

¿Puedes sentir el lobby de un hotel como si fuera el vestíbulo de tu oficina? Desde el estacionamiento. Llevo tanto tiempo recomendándolo como el lugar donde más cómoda me siento atendiendo a mis clientes que he terminado por conocer a todos los que allí trabajan. Los que están en el estacionamiento, los de seguridad, las chicas de la recepción, los del bar, las camareras. Todos son amabilísimos y, al menos a mí, me hacen sentir segura.

 

Francamente nos cuidan, tanto a los clientes como a las chicas. Su trabajo es lograr que el motel sea un lugar para pasarla bien. Están al pendiente, frente a cualquier anomalía reaccionan y te cuidan. Desde tu privacidad hasta tu integridad.

 

Obviamente, en ese ir y venir les toca ver y oír de todo, mucho más de lo que puedas imaginar y muchísimo más de lo que pudiera contarte. Desde los gritos de una mujer a quien parece que están desollando cuando se la cogen, un tipo que tuvo que ser llevado al hospital en ambulancia con un juguetito que se le había atorado en salvo sea el agujero, hasta la leyenda urbana de una mujer insaciable que, después de despacharse a dos escort masculinos, fue invitando uno a uno a los trabajadores del motel que quisieran hacerle el favorcito. Escuchas allí las historias más locas y divertidas.

 

Conmigo, además, son adorables. Todos me caen bien, pero uno en especial, de cabello cano, sonrisa amable y ternura en la mirada. Me hace sentir mucha confianza. Una vez me tocó ver como una ñora, que había terminado su tiempo de hospedaje, lo recibió a zarpazos cuando él fue a avisarle que era hora de entregar la habitación. Le dejó en la cara los surcos de sus uñas postizas, afortunadamente no le quedó cicatriz. No lo ando contando cada que llego, pero ellos saben que soy Lulú Petite.

 

El caso es que me siento como en mi oficina, así que llego saludando a todos con una sonrisa y una palabra amable. Me anuncio en el lobby. La señorita marca a la habitación donde me esperan y anuncian mi llegada.

 

Tomo el ascensor y paso lista los detalles. Cabello peinado, perfume en los lugares estratégicos, el aliento fresco, los labios pintados, la cara limpia, la sonrisa franca, el escote provocativo, la falda corta y el cuerpo, disponible. Toc, toc, toc.

 

En la habitación espera la cama. Él un hombre alto, barba cerrada, un poco pasado de peso, cabello en pecho y espalda. Me da un beso en la cara, tengo que pararme de puntitas para alcanzarlo. Me dice su nombre, es uno de esos nombres raros, Telésforo o algo así. Me paga.

 

Guardo el dinero, pongo música electrónica en mi iPod. He descubierto que es la mejor música para el sexo, ameniza sin distraer. Ayuda a mantener el ritmo y crear atmósfera. Me lavo las manos y regreso con Telésforo. El segundo beso ya fue en los labios. No está mal. Sabe besar el caballero. De pronto suspende el beso, me da la mano y me lleva a la cama.

 

-¿Me desnudo?- Le pregunto, ente advertencia y cortesía, no quiero arrugar mi ropita acostándome vestida.

-¿Puedo desnudarte yo?- Responde él.

-Puedes- Le digo sonriendo.

 

Se acerca por mi espalda, baja el cierre de mi vestido y besándome los hombros me lo va quitando despacito.

 

-Estás riquísima- me susurra al oído apretándome las nalgas con las manos. Sus labios se acercan a mi cuello, besa mis hombros y acerca su cuerpo al mío. Siento su barba un poco lijosa mientras me besa la espalda, sus manos trepan por mi abdomen y presionan mis senos desnudos. Me gusta.

 

Él está caliente. Su respiración se acelera, creo sentir su pulso corriendo a toda velocidad. Aprieta mis pechos con las dos manos, los junta y los levanta. Me jala suavemente para hacerme girar tenerme de frente, vuelve a poner sus manos en mis tetas y me roba un beso apasionado, cachondo. Aprieta mis pezones con firmeza, sin lastimar, sólo haciendo que se pongan lo más duros posible. Entonces se los lleva a la boca. Los besa, los acaricia, los lame. Pasa su lengua por la areola, traza círculos, busca el sabor, recoge el azúcar y la sal de mi piel, me hace ponerme tremendamente caliente. Fue el principio de un encuentro delicioso.

 

Últimamente he andado con unas calenturas tremendas. No sé si es la primavera o simplemente ganas de compensar con sexo laboral la ausencia del profe. A decir verdad, con eso de sus largas estancias en Estados Unidos, no cogíamos tan seguido, pero el sexo por teléfono y por computadora me mantenía nuestra relación con mucha vibra erótica. Ahora que no lo tengo esa energía la canalizo con mis clientes. Les pongo unas cogidas que salen más contentos chamacos en la mañana de navidad.

 

Bajamos juntos al estacionamiento. Él se subió a su carro y se despidió con una sonrisa. Yo estaba por subirme al mío cuando se me acercó uno de los chavos que trabajan en el estacionamiento del motel.

 

-Hola- Me dijo con cierta timidez -¿Te puedo pedir un favor?

-Claro, dime.

-Me regalas un autógrafo- Me dijo con la cara colorada y poniendo un ejemplar de El Gráfico en mis manos. Me emocioné y, claro, le puse una firmita con muchísimo cariño. Ciertamente, me siento como en mi oficina, entre amigos.

 

Hasta el martes

Lulú Petite


 

 
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