Director del hospital le pide disculpas

Da a luz en automóvil, le niegan servicio médico

La regresaron a su casa aunque registraba intensos dolores
18/03/2016 - 05:00

Hace más de seis días que la pequeña Vania llegó a este mundo, bajo circunstancias que ninguna mujer al ser madre quisiera experimentar. A la señora le negaron un servicio médico bajo el argumento de prolongación de la labor de parto. Carmen Rojas de 22 años, tuvo a su bebé dentro del automóvil de su hermano.

Todo ocurrió el pasado viernes 11 de marzo, cuando Carmen Rojas asistió a su consulta de control prenatal en el Hospital Mónica Pretelini de la capital mexiquense. La joven al ser diagnosticada con un embarazo de alto riesgo y al menos dos amenazas de aborto,  tenía atención constante en este nosocomio.

“El doctor me dijo por la mañana que estaba bien, que todavía me faltaba y que sería hasta el viernes 18 que me iban a internar, pero yo llevaba dolores raros en el abdomen y me dijeron que era normal”, señaló Carmen.

Horas más tarde en su hogar, ubicado en el barrio de Zopilocalco, los dolores fueron más intensos y cerca de las 3 de la madrugada del sábado 12 de marzo asistió de nuevo al hospital, donde una doctora señalada como “Lorena” tras revisarla, le indicó que volviera a las 8 de la mañana para revisarla de nuevo.

“Me registré y esperamos a que llegara la doctora, que nadie me quiso dar su apellido sólo sé que se llama Lorena, me revisó y me dijo que ya tenía dos centímetros de dilatación pero que regresara en 4 horas que porque no tenía espacio ni camas y me fui”, relató.

Para las 4 y media de la mañana, Carmen ya estaba de vuelta en su hogar, su madre y hermano estuvieron al pendiente de los dolores que registraba la joven madre, sin embargo, dadas las 6 de la mañana, inició el alumbramiento.

“Yo no supe cómo es que salí caminando hasta allá arriba, pero antes de llegar al carro, yo sentí su cabecita, antes ya habían llamado a la ambulancia, sólo me tiré al carro en la parte de atrás y mi mamá la recibió en una cobija (…) escuché las sirenas de la ambulancia y vi que el paramédico que se llama Cristian, y que fue muy bueno conmigo, cortó el cordón y me tranquilizó”.

Carmen y su la pequeña Vania fueron trasladadas de nuevo al hospital, donde la misma doctora la recibió y sólo le dijo: “¿Qué pasó señora?, ¿Ya? De inmediato la bebé fue puesta en observación, mientras que Carmen inició uno de los peores martirios. Al ingresar al Hospital, fue colocada en la sala de Tococirugía aún no expulsaba la placenta, casi enseguida las enfermeras y médicos la ubicaban por las condiciones en las que su bebe había nacido.

Tras un largo lapso de tiempo se vio obligada a expulsarla ella misma, derivado del dolor que le causaba. Al informar al personal a cargo, dos médicos pasantes la pasaron a quirófano para realizar la limpieza correspondiente, con dos desgarres ella requería de sutura.

“Me acostaron y con un trato grotesco, tosco y hasta violento me empezó a limpiar uno de los médicos pasantes, el que pidió que se desocupara el quirófano y cuando me empezaron a coser, la verdad es que yo grité porque me dolió y el otro médico sólo le dijo: “Ahí no está tu desgarre, fíjate bien”, diciéndole obviamente que lo estaba haciendo mal”.

Esa misma tarde, sin tener noticias de su bebé, la señora Rojas fue dada de alta, más tarde su esposo Luis Alberto Miranda fue quien estuvo al pendiente de la supervisión de la recién nacida, donde estuvo internada durante tres días para descartar infecciones o algún otro tipo de problema.

“Yo preguntaba por mi bebé y me decían ‘ya se le dieron informes a su familiar que está afuera’ y yo le respondía: ‘a mi familiar que está afuera, yo estoy aquí adentro y no la he visto’. Hasta que me dieron de alta fue cuando mi esposo me informó”.

Los siguientes días, Vania estuvo en observación y Carmen asistía a darle de comer, ya que de acuerdo con el último diagnóstico la bebé se adelantó tres semanas y necesitaba de incubadora también.

En ese lapso de tiempo el director general, José Pablo Rueda, director de Urgencias, el doctor Juárez y otro médico se acercaron a pedir una disculpa.

“En ese momento pensé que para qué quería una disculpa, la verdad es que la sala donde estaban las mujeres antes de tener a sus bebés no estaba tan llena como me dijo la doctora (…) yo creo que lo importante es que esto no le vuelva a pasar a ninguna mujer y ojalá dejen de tratarnos como si no fuéramos personas”, finalizó Carmen.

Esta familia, tras ese trago amargo,  pide a las autoridades de salud que mejoren la atención, ya que a pesar de ser un servicio público todas las mujeres que ingresan deben de ser tratadas con respeto y sobre todo seriedad. Actualmente ambas gozan de excelente salud.

 

 
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