Ardiente

Carne en vigilia, un tour ardiente de la Expo Sexo y Erotismo 2017

Sexo 05/03/2017 12:06 Actualizada 14:12

El deseo carnal recibe la Expo Sexo y Erotismo a los visitantes en Cuaresma

 

Por Juan Solís

De pronto, el hombre recostado en el sofá queda sometido. Su rostro es atrapado por las nalgas de una Gatúbela que minutos antes le había propinado un beso devorador a una rubia que no presentó queja. La felina es tan voluptuosa como generosa. 

Sentada en el rostro del hombre, se menea con candencia, mientras un conjunto de envidiosos, celular en mano y saliva en la boca, registra el intento de asfixia.

Así, incitando al deseo carnal, recibe la Expo Sexo y Erotismo a los visitantes en el primer sábado de Cuaresma. ¡Santa Madre de los Deseos Insatisfechos, perdona a tu pueblo que se congrega en la Cumbre Nacional del Voyerismo, en esta ardiente cúpula laica que se llama Palacio de los Deportes!

Gatúbela se levanta y sonríe coqueta. El hombre de pelo cano y camisa a cuadros respira hondo. Se le abrieron en el rostro las puertas del cielo y él sólo atinó a cerrar los ojos. Le apostó todo al tacto, al gusto y al olfato. Afortunadamente, un carnalito que le detuvo el celular aprovechó para grabar los hechos. Eso es solidaridad. Venga esa mano temblorosa y sudada.

Dos naves, cada una con un par de pasillos, constituyen el paseo lúbrico. Varias tiendas exhiben productos para propiciar el placer de a solapa o en pareja: el lubricante con sabor a kiwi, que al mismo tiempo es aceite térmico y cura las reumas, la tanguita comestible, muñequitas inflables igualitas a Katty Perry, o de plano la máscara de Doña Verijas (así está anunciada), con la forma de una enorme vagina.

Pero si algo abunda son los dildos y vibradores, cuyos modernos diseños y variedad de tamaños pueden complacer a los gustos más sofisticados, desde el estándar de 6 pulgadas hasta el Monster de 14, verdadera arma de harto poder, tan impensable como los penes de silicón articulados, tan improbables como el que es capaz de mover el glande en círculos. Fantasías más allá de las posibilidades fisiológicas, ni hablar.

El respetable se concentra en las zonas de interés: las pasarelas donde mujeres y hombres de cuerpos esculpidos a fuerza de gimnasio o bisturí bailan semidesnudos, cachondos, se sacan fotos, regalan besitos, dan autógrafos, se dejan querer, o de plano invitan a algún espontáneo a sacar a horear sus deseos sadomasoquistas.

Venus tristes y aburridas esperan solitarias en sus sillones, con la lencería intacta y la coquetería inédita. Hay otras cuya fama, fincada a fuerza de generosos tuits, de selectos grupos privados de whatsapp, o de inquietantes actuaciones en películas, atraen a seguidores y curiosos. Ahí está la encantadora gringa Kissa Sins, dueña de una corta cabellera rubia y una sonrisa que oscila entre lo coqueto y lo perverso. La actriz porno deslumbra no sólo por su espigado y elástico cuerpo, más que cubierto, dividido por una delgada prenda naranja que lo segmenta en triángulos de estremecedores y oscuros vértices; también se adapta a los tiempos y hace un show para las cámaras del celular.

Se acerca a su público, todos invariablemente con la cámara en alto, elige un dispositivo y lo maneja con destreza para que recorra zonas específicas de su anatomía, con una variedad de encuadres que van de la picada a la contrapicada (sin albur), del dolly al travelling, un plano secuencia que produce un inevitable zoom in colectivo. Kissa parece saber que en estos tiempos la experiencia cuenta poco, lo que importa es la imagen, el registro del momento. 

Kissa seduce a una máquina y el dueño de la misma pensará, cada que vuelva a ver el video, que lo está seduciendo a él. La fantasía a modo cabe en una tarjeta de 8 Gb.

Casi en frente de Kissa, Samantita XXX, a quien se le podría considerar entre las más importantes porn stars de México en la actualidad, seduce a sus feligreses con su cuerpo de ninfa y su seductor rostro moreno. Más guapa que en Twitter, la actriz cuya figura la ubica en la estirpe de Lolita, regala encuentros cercanos, pero no a cualquier tipo, sino a los que ella elige, como aquel que después de haberla tenido sentada en su pubis, se levanta victorioso y satisfecho, aunque traiga playera de los Delfines de Miami.

Los fieles de la Virgen de las Imágenes Insanas, patrona de las noches solitarias, regresan a casa contentos. ¿Qué se llevan de este paseo por los bellos alrededores de Gomorra? Quizá unos condones en el bolsillo, un nuevo catálogo de fantasías, una colección de deseos insatisfechos, una sonrisa de oreja a oreja en la memoria y dos o tres borrosas fotografías en el celular.

(Fotos: Armando Martínez | El Gráfico)

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