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Balmung por Lulú Petite

Se hizo tan popular, que muchos cuando querían llamar a una chica, antes le preguntaban a Balmung su opinión, porque seguramente él ya se la había pasado por las armas
Balmung por Lulú Petite
Lulú Petite   Sentí muy buena química desde que me plantó el primer besote (Foto: Lulú Petite )
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Lulú Petite
El Gráfico
Ciudad de México Jueves 23 de febrero de 2012
08:53

Querido Diario: 

 

-Despacito, métemela despacito- le pedí cuando vi venir aquella tripota marca burro en primavera, como quien siente que la va a atropellar un tren -Házmela sentir poco a poco- corregí dulcemente, como para suavizar mi asustada súplica mientras le daba un beso.

 

A veces las cosas se planean con anticipación, se van cocinando lentamente, cuidando que cada detalle esté perfectamente calculado para que cuando suceda, todo transcurra como en un montaje teatral. Otras veces las cosas simplemente pasan. Hace unos días llegó finalmente el momento de atender un pendiente largamente atrasado: Balmung.

 

En los portales de internet donde varias chicas anunciamos nuestros servicios sexuales, existen foros. Estos foros fueron creados para que los clientes compartieran entre sí sus experiencias con nosotras. Allí se cuentan con lujo de detalles las peripecias cachondas de la apreciable clientela, se intercambian recomendaciones, se construyen amistades y se tejen conflictos.

 

Como en cualquier otra comunidad, en los foros hay quienes entran sin más intención que leer y escribir sus historias, hay también tontos incómodos, trolls, uno que otro forista con vocación psicótica, chicas que anunciamos nuestros servicios y. por último, aquellos que son como los machos alfa, los héroes del cómic, la crema de los tacos, la mermelada del hot cake; esos que son como todo mundo quiere ser de grande. Obviamente, en foros de sexoservicio, los más gallitos son los que han contratado a más chavas, pero sobre todo los que logran establecer credibilidad. Uno de ellos se hace llamar Balmung.

 

A Balmung lo conocí en twitter y, gracias a esa y otras tecnologías, nos hicimos amigos virtuales. Cuando lo conocí, él estaba en algo así como un retiro o pausa en el consumo de servicios sexuales.

 

Cuenta la leyenda que Balmung era uno de los foristas más prolíficos. Una o dos chicas por semana, alegre, cogelón, dispuesto a probar todas las suertes de la charrería sexual y viviendo desenfrenadamente a sus veintitantos años. En sus buenos tiempos hizo de su vida un kamasutra y de la cama su deporte. Caballeroso con las mujeres, cómplice con los cabrones, venenoso con los tarados y con un humor ácido y alburero que a veces nada más él se entiende.

 

En aquella época, se tiró a tantas chavas de tan diferentes características, gustos, personalidades y nacionalidades, que parecía estar dispuesto a no dejar una pa’ comadre. Se hizo tan popular, que muchos cuando querían llamar a una chica, antes le preguntaban a Balmung su opinión, porque seguramente él ya se la había pasado por las armas. De pronto, una promesa amorosa lo hizo dejar la juerga. No se sabe a ciencia cierta, pero se rumora que una colega le magulló el corazón y lo dejó con pocas ganas de seguir arriesgando sentimientos, donde sólo debía encontrar placer.

 

Cuando platicábamos, de un modo u otro siempre salía a la conversación la idea de que cuando volviera al ruedo tendría que ponchar conmigo. Él me lo decía entre la broma y la promesa, pero como según yo su retiro era tan solemne como un voto de castidad, cada que nos encontrábamos, le lanzaba provocativos dardos, más como quien se come un pastel frente a un gordito que se está poniendo a dieta. Siempre pensé que nuestra amistad se mantendría platónica.

 

El caso es que hace unos días me llamó. Como yo no podía atenderlo exactamente en el momento en que a él le agarró la calentura, sino hasta una hora después, el muy descarado en vez de esperarme como lo haría cualquier buen amigo con ganas de encamarme, llamó a Rarotonga o no sé a qué venezolana de piel oscura y figura curvilínea, para que la hiciera de bateadora emergente.

 

De cualquier modo, terminé con el compromiso que tenía y le devolví a Balmung la llamada antes de que la colega pudiera llegar a cumplirle. Ni modo, el destino había decidido que al fin nos conociéramos.

 

He de admitir que no es como me lo imaginaba (un clon entre Bart Simpson y Daniel el Travieso), pero sí es un chavo guapo, macizo y coqueto. De cuerpo muy esbelto y con un mostachito sexy coronándole los labios. Tiene una bonita sonrisa y una mirada de pan calientito. Sentí muy buena química desde que me plantó el primer besote.

 

Hicimos el amor. Verlo desnudo tiene su impacto, el canijo la tiene tremenda, como si a la hora de repartirlas a él le hubiera tocado una de caballo y, además, como el experto que es, sabe moverla con maestría. La verdad, después de tantas conversaciones que habíamos tenido desde nuestras computadoras, hasta me parecía un poco raro estar con él, sentirlo dentro, recibir sus besos, verlo desnudo, aceptar sus caricias, disfrutar su calor, sus labios, su lengua, su sexo enorme que me ocupaba y me provocaba un delicioso orgasmo.

 

Nos despedimos entre bromas y recuerdos, con la amenaza vil de aquel caballero, de borrar mi nombre de su lista de amigos en twitter. Ni modo, después de todo en twitter siempre aplica lo que diría el Chapulín Colorado: “Síganme los buenos”.

 

Hasta el martes

 

Lulú Petite


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