Querido Diario:
-Despacito, métemela despacito- le pedí cuando vi venir
aquella tripota marca burro en primavera, como quien siente que la va a
atropellar un tren -Házmela sentir poco a poco- corregí dulcemente, como para
suavizar mi asustada súplica mientras le daba un beso.
A veces las cosas se planean con anticipación, se van
cocinando lentamente, cuidando que cada detalle esté perfectamente calculado
para que cuando suceda, todo transcurra como en un montaje teatral. Otras veces
las cosas simplemente pasan. Hace unos días llegó finalmente el momento de
atender un pendiente largamente atrasado: Balmung.
En los portales de internet donde varias chicas anunciamos
nuestros servicios sexuales, existen foros. Estos foros fueron creados para que
los clientes compartieran entre sí sus experiencias con nosotras. Allí se
cuentan con lujo de detalles las peripecias cachondas de la apreciable
clientela, se intercambian recomendaciones, se construyen amistades y se tejen
conflictos.
Como en cualquier otra comunidad, en los foros hay quienes
entran sin más intención que leer y escribir sus historias, hay también tontos
incómodos, trolls, uno que otro forista con vocación psicótica, chicas que
anunciamos nuestros servicios y. por último, aquellos que son como los machos
alfa, los héroes del cómic, la crema de los tacos, la mermelada del hot cake;
esos que son como todo mundo quiere ser de grande. Obviamente, en foros de
sexoservicio, los más gallitos son los que han contratado a más chavas, pero sobre
todo los que logran establecer credibilidad. Uno de ellos se hace llamar
Balmung.
A Balmung lo conocí en twitter y, gracias a esa y otras
tecnologías, nos hicimos amigos virtuales. Cuando lo conocí, él estaba en algo
así como un retiro o pausa en el consumo de servicios sexuales.
Cuenta la leyenda que Balmung era uno de los foristas más
prolíficos. Una o dos chicas por semana, alegre, cogelón, dispuesto a probar
todas las suertes de la charrería sexual y viviendo desenfrenadamente a sus
veintitantos años. En sus buenos tiempos hizo de su vida un kamasutra y de la
cama su deporte. Caballeroso con las mujeres, cómplice con los cabrones,
venenoso con los tarados y con un humor ácido y alburero que a veces nada más
él se entiende.
En aquella época, se tiró a tantas chavas de tan diferentes
características, gustos, personalidades y nacionalidades, que parecía estar
dispuesto a no dejar una pa’ comadre. Se hizo tan popular, que muchos cuando
querían llamar a una chica, antes le preguntaban a Balmung su opinión, porque
seguramente él ya se la había pasado por las armas. De pronto, una promesa
amorosa lo hizo dejar la juerga. No se sabe a ciencia cierta, pero se rumora
que una colega le magulló el corazón y lo dejó con pocas ganas de seguir arriesgando
sentimientos, donde sólo debía encontrar placer.
Cuando platicábamos, de un modo u otro siempre salía a la
conversación la idea de que cuando volviera al ruedo tendría que ponchar
conmigo. Él me lo decía entre la broma y la promesa, pero como según yo su
retiro era tan solemne como un voto de castidad, cada que nos encontrábamos, le
lanzaba provocativos dardos, más como quien se come un pastel frente a un
gordito que se está poniendo a dieta. Siempre pensé que nuestra amistad se
mantendría platónica.
El caso es que hace unos días me llamó. Como yo no podía
atenderlo exactamente en el momento en que a él le agarró la calentura, sino
hasta una hora después, el muy descarado en vez de esperarme como lo haría
cualquier buen amigo con ganas de encamarme, llamó a Rarotonga o no sé a qué
venezolana de piel oscura y figura curvilínea, para que la hiciera de bateadora
emergente.
De cualquier modo, terminé con el compromiso que tenía y le
devolví a Balmung la llamada antes de que la colega pudiera llegar a cumplirle.
Ni modo, el destino había decidido que al fin nos conociéramos.
He de admitir que no es como me lo imaginaba (un clon entre
Bart Simpson y Daniel el Travieso), pero sí es un chavo guapo, macizo y
coqueto. De cuerpo muy esbelto y con un mostachito sexy coronándole los labios.
Tiene una bonita sonrisa y una mirada de pan calientito. Sentí muy buena
química desde que me plantó el primer besote.
Hicimos el amor. Verlo desnudo tiene su impacto, el canijo
la tiene tremenda, como si a la hora de repartirlas a él le hubiera tocado una
de caballo y, además, como el experto que es, sabe moverla con maestría. La
verdad, después de tantas conversaciones que habíamos tenido desde nuestras
computadoras, hasta me parecía un poco raro estar con él, sentirlo dentro,
recibir sus besos, verlo desnudo, aceptar sus caricias, disfrutar su calor, sus
labios, su lengua, su sexo enorme que me ocupaba y me provocaba un delicioso
orgasmo.
Nos despedimos entre bromas y recuerdos, con la amenaza vil
de aquel caballero, de borrar mi nombre de su lista de amigos en twitter. Ni
modo, después de todo en twitter siempre aplica lo que diría el Chapulín
Colorado: “Síganme los buenos”.
Hasta
el martes
Lulú Petite