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Peces de todo el mundo

Inició hace 11 años en la colonia Roma y recién en marzo pasado abrió una sucursal en la colonia Juárez un concepto que mezcla las cantinas botaneras con los restaurantes gourmet a precio de comida corrida
Peces de todo el mundo
Hay de tocho   Quesadillas de bacalao fresco, caldo de Mantarraya, vaquita pibil, tamboril, bacalao y camarón, además de unos romeritos con mole y camarón. (Foto: David Santa Cruz )
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David Santa Cruz
El Gráfico
Ciudad de México Viernes 06 de agosto de 2010
08:51

Marco Rascón se hizo famoso por el puerco pero ahora vive del pescado, su restaurante es de lujo pero tiene precio de fonda, su pasión es la política y dicen que tiene alma de luchador, pero su vocación es la de servir y sirve bien.

Fue allá en por 1998 cuando gracias a la gira de un disco de su entonces esposa Eugenia León, viajó a Portugal y quedó enamorado de la gastronomía. "Por aquel entonces yo trabajaba en el gobierno de Cárdenas en el DF y un día me mandó a solucionar un problema al mercado de la Viga Nueva, quedé maravillado con lo que ahí se vendía y decidí poner un restaurante": lo llamó Peces.

Inició hace 11 años en la colonia Roma y recién en marzo pasado abrió una sucursal en la colonia Juárez un concepto que mezcla las cantinas botaneras con los restaurantes gourmet a precio de comida corrida. De lunes a viernes de 13 a 18 hrs., en la compra de un refresco, una copa de vino o una cerveza -que le costará $45- le servirán la botana "gratis". Entre seis y ocho platillos de comida del mar, con calidad internacional.

Por ejemplo quesadillas de bacalao fresco -nada que ver con el salado-, caldo de Mantarraya, vaquita pibil, tamboril - platillo portugués de costilla de puerco, bacalao y camarón-, clam chowder -sopa de mariscos tipica de Belice- y porqué no, unos romeritos con mole y camarón. O si gusta darse un lujo puede pedir a la carta, con la certeza de que no se gastará la quincena completa.

En 1995 Marco era diputado federal y durante el segundo informe del entonces presidente Ernesto Zedillo sacó de su portafolio una máscara de cerdo para increpar al mandatario. También cuentan las malas lenguas que fue él quien le dio vida a Superbarrio y hasta llegó a vestir la máscara y el uniforme. Pero en lo que no usa caretas es a la hora de cobrar en su restaurante, que orgullosamente presume "es el único lugar que no es de Carlos Slim".

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