El ruido de una manifestación ensordecía a la capital mexicana, panorama muy ad hoc para aumentar los nervios de Ana Gómez. Tal vez parecería ser un capítulo más de su vida en chilangolandia, pero ahora nuestra lectora no estaba en la oficina, sino en la sesión de fotos para ser una Chica Gráfico.
La secadora de pelo, el rímel, la pintura de labios, un espejo y demás accesorios para enaltecer a Ana, eran las armas aplicadas por las profesionales de la belleza para resaltar las virtudes de nuestra modelo, aunque no podía ocultar sus nervios.
Llega el momento, la cámara, las luces y el flash que cae como un rayo sobre su silueta. Son las primeras tomas y un pulso tembloroso se nota en la mano de Ana, quien decidió mostrar las alas para echar a volar la imaginación.
"El sueño de ser modelo es difícil -confiesa- porque no hay personas que te den confianza para hablar sobre un trabajo. Incluso desde la familia ven mal que poses, pero en otros ojos, lo ven bonito", dice sincera en sus palabras.
La verdad, comenta, fue una tentación el aceptar ser una Chica Gráfico, "porque quería sentir cómo trabajan las modelos famosas".
Ana, menciona un poco triste, pues aún le duelen las cicatrices que le tatuó el amor. "Tengo mala suerte con las relaciones", añade, pero eso lo cambia con toda la alegría que le dan sus amigos.
Termina la sesión fotográfica; es una ofrenda para su estima, pues externa que gracias a esto se siente más confiada y nosotros, los lectores, sólo podemos decirle: Ana, gracias por tu confianza.