¿Cómo saber dónde se ubica la línea entre el placer a tope y la lujuria de una necesidad por el sexo, que puede convertirse en enfermedad?
Según especialistas, la primera es controlada por uno mismo, y en la segunda el individuo es controlado por su necesidad de sexo hasta llevarlo a límites insospechados que pueden avergonzarle o provocarle sentimientos de malestar y culpa, así como causarle problemas sociales, económicos y familiares.
La adicción al sexo es lo que también se conoce con términos como hipersexualidad o ninfomanía para las mujeres y satiriasis para los hombres.
Siendo ésta una de las enfermedades o adicciones más escondidas, debido a que involucra prejuicios, moral, religión, no se tienen datos muy certeros del porcentaje de la gente que la padece.
Sin embargo, según cifras estimadas por el National Council of Sexual Addiction (NCSA) de Estados Unidos: un 40% de quienes la padecen pierde a su pareja, otro 40% tiene embarazos no deseados, un 72% tiene ideas obsesivas sobre el suicidio, un 17% ha intentado quitarse la vida, un 36% aborta, un 27% tiene problemas laborales y un 68% tiene riesgo de contraer el sida u otras enfermedades de transmisión sexual, un 71% de los adictos reconoce haber sufrido abusos físicos y un 83%, abusos sexuales. Las cifras revelan también que un 6% de la población es adicta al sexo y de éste, el 2% son mujeres.
La adicción al sexo es como cualquier otra: tener una necesidad incontrolable por determinada sustancia, alimento o, en este caso, actividad, es decir, ser esclavo del sexo practicado con alguien más o a través del consumo de pornografía o masturbación exagerada.
Esta adicción puede llevar a quienes la padecen al divorcio, y a la ruptura de las relaciones sociales, laborales o familiares. El problema es grave. Es una enfermedad que avanza y no puede detenerse. Para su tratamiento, como sucede con los alcohólicos anónimos, han sido creados grupos de autoayuda llamados sexólicos anónimos, que se definen a sí mismos como personas conscientes de que la lujuria es la fuerza impulsora de sus comportamientos sexuales y que la verdadera sobriedad incluye la victoria progresiva.
En el ámbito de la salud, el término clínico es trastorno obsesivo-compulsivo y se caracteriza por una frecuente estimulación genital que, sin embargo, deja al individuo al final con una sensación de vacío, de pérdida, de insatisfacción emocional muy fuerte, que puede llevar a graves depresiones posteriores y que hacen que, para sanar las heridas emocionales, acuda nuevamente al encuentro sexual como placebo. Y es así como se convierte en un círculo vicioso que parecería nunca romperse, causando cada vez más mella en la autoestima, el carácter y las emociones.