Piden mano dura contra jóvenes feminicidas

feminicidios ni una menos asesinato joven menor de edad
El caso de Daniela se resolvió pronto, pero las sanciones fueron “tibias”
Tanya Guerrero
23/04/2019 - 08:50

“¿Por qué la mató?” Probablemente esa sea la única pregunta para la que nunca haya respuesta. El cómo, cuándo y dónde fue el feminicidio de Daniela Jiménez Covarrubias se reconstruyó a través de una investigación impecable por parte de las autoridades de la Agencia del Ministerio No. 1 de Atención a Menores en Nuevo León. 

Diego “N”, el feminicida de la joven de 15 años, la asesinó la noche del 6 octubre de 2016. Fue detenido ese mismo día y vinculado a proceso tres días después. Pero al ser menor de edad —15 años al momento del crimen— fue consignado a cumplir solo dos años de custodia en el Tutelar después de un juicio abreviado que duró cuatro meses.

Aunque la familia afirma que no tienen “ninguna queja de cómo actuaron las autoridades” y que investigaron hasta el mínimo detalle que condujo al responsable, consideran que se deben revisar las sanciones a los delitos cometidos por menores. “Ni con la vida entera paga, pero creo que los adolescentes deben ser juzgados como adultos en los delitos de alto impacto, como el feminicidio de mi hija”, comenta Mirna, madre de Daniela.

COMPAÑEROS

Ella y Diego se conocieron en agosto de 2016 en la preparatoria de la Universidad Montemorelos, en Nuevo León, donde iban en el mismo salón, pero a diferencia de Dany, Diego era interno de la escuela.

Ese día, ambos salieron de la escuela con otros dos amigos en el coche de Dany. En algún punto los amigos se bajaron del coche y el resto no se sabe con certeza.

Alrededor de las ocho de la noche, luego de marcarle al teléfono sin encontrarla, los padres de Dany recibieron una llamada del director de la escuela: Diego, un alumno que no tenía permitido salir del plantel, llegó al hospital herido, diciendo que “estaba con Dany pero los asaltaron y no se acordaba de nada”. 

El director habló para saber si Daniela había llegado a casa porque Diego no daba más información de ella. De inmediato los padres le hablaron a la policía y fueron todos al sitio en donde Diego ubicó “el atraco”. El mismo joven los acompañó y señaló el lugar.

EL CRIMEN

Llegaron a una colonia deshabitada. A 100 metros del camino, estaba el coche de Dany que desde la calle no se alcanzaba a ver porque estaba rodeado por huertas de naranjo. “Tenías que entrar al sembradío para mirar”, comenta Mirna, quien asegura que Diego estaba ahí, a su lado esperando que las autoridades encontraran el cuerpo. Era la primera vez que Mirna veía a Diego pero no imaginó que ese muchacho fuera el asesino de su hija. 

El coche tenía las puertas abiertas y las llaves puestas. Adentro estaba el teléfono de Daniela, su bolsa y todos sus objetos personales. La versión del asalto se derrumbó.

En cuanto los policías descubrieron el cuerpo a un costado del coche, resguardaron la escena, colocaron una planta de luz y peritos trabajaron toda la noche para recabar pruebas en el lugar. Al cuerpo lo movieron hasta la mañana siguiente.

Desde el inicio la Fiscalía investigó el caso como feminicidio, a pesar de que en el 2016 en Nuevo León todavía no era un delito autónomo como ahora, sino un delito agravado. Se indagó como un homicidio doloso con tres agravantes para calificarlo como feminicidio: el acoso previo, la violencia extrema y la mutilación.

El acoso previo, fue probado por la serie de mensajes que Diego le envió a Dany al celular durante dos meses. La acosaba para obligarla a tener relaciones sexuales con él. Daniela nunca accedió.

La mutilación la comprobaron cinco cortadas profundas en la cara de Daniela, hechas con cúter antes de matarla. La joven tenía los dedos de las manos fracturados, indicio de que luchó hasta el final. 

Además, Diego le golpeó la cabeza en repetidas ocasiones con ladrillos y finalmente le cortó la vena carótida con el mismo cúter con la lesionó, lo que se probaba la violencia extrema. El ataque no duró más de una hora.

Ese mismo día, Diego fue aprehendido y aceptó su culpabilidad. Las supuestas heridas del asalto se las había hecho él mismo, pero nunca dijo exactamente qué pasó y por qué. 

Aunque la Fiscalía trabajó incansablemente en la investigación, con el juicio abreviado se le dictaron dos años de estancia en el tutelar. Siempre fue consciente de sus actos.

A diferencia de otros casos aquí los policías sí hicieron todo para reconstruir lo que pasó, hay casos donde las autoridades no hacen su trabajo. Son nefastas. Puedo decir que ellos actuaron bien, pero con la ley ¿qué puedes hacer? Debe haber un cambio”

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