Si te besa el infortunio

Si te abraza la tristeza, se te besa el infortunio, cierra los ojos y vuelve a ser aquel niño que corría detrás del camión de los helados
Roberto G. Castañeda
08/11/2018 - 09:55

A veces no podemos con todo y nos sentimos a punto de claudicar. Es demasiado cargar con deudas, los problemas familiares y esa pinche depresión tan constante. Y encima lidiar con la inflación, la falta de agua, el dolor de muelas y las noticias sobre los feminicidios, las balaceras. Por todo eso creo que Jaime Sabines no deliraba cuando decía: “Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos”. A mí también me encanta Dios, pero creo que muchas veces se hace el desentendido. Pero a qué viene todo esto. A que el 2018 fue una catástrofe, una sucesión de caos y de pequeñas desgracias. Ya se agota este año terrible, con escasas noticias buenas o motivos para festejar, pero aún así no nos daremos por vencidos. A mí me vale madres no coincidir con el calendario chino. Se supone que el 2018 es el año del perro, pero más bien yo creo que fue el año de la rata. Y no lo veo así por una cuestión mística o un análisis profundo. Es de hecho algo muy vulgar. Y no me avergüenza aceptar que soy un tipo vulgar y ordinario. Pero estaba en que este año fue el de la rata, sí, de cloaca. Yo no sé de cifras, si se duplicaron o triplicaron los delitos, pero de que todos fuimos víctimas de una rata, seguro que lo fuimos. A ti, como a mí, nos chingaron el celular al menos una vez. A tu primo lo asaltaron afuera del cajero automático. A tu amiga le arrebataron la bolsa en una calle cualquiera. A tu jefe le bajaron la quincena en el pesero. Y a ti te atracaron a la voz de “ya te chingaste y no te pongas pendejo(a) porque te carga la chingada”. Y a veces hasta se ahorran la saliva, como aquellos políticos que se dieron a la fuga con el presupuesto para la cultura. O el expresidente que se ríe desde su casa construida con corrupción.

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Pero en los discursos de despedida los políticos presumen que el índice de violencia quedó controlado. Yo por eso digo que este fue el año de la rata. Y obviamente incluyo también a los funcionarios, a los gobernantes, a los políticos que saquean el presupuesto y se compran departamentos en las mejores zonas de la ciudad. Yo no sé que diga el calendario chino para el 2019, pero a lo mejor es el año del puerco. Aunque este país ya es cochinero. Y de nada parece servir que seas una mejor persona, cuando estás a merced de los impuestos, los pésimos servicios, los cortes de agua, los intereses sobre intereses de Banamex y Banco Azteca, los despidos sin liquidación, los patrones que no respetan tu contrato, las mafias en el poder, los asesinos, los narcos, los prestanombres, los curas pederastas, los diputados asesinos... Creo que una vez más estaremos a merced de la miseria y de los miserables que se enriquecen hasta con nuestros suspiros. Yo por eso me persigno dos veces antes de dormir y tres antes de salir de casa. No vaya a ser el diablo, que un buen día amanece con mi nombre en su lista. Mejor contar con blindaje extra, aunque sólo sea la bendición de tu madre o de la abuela. Aunque debo aclarar que tampoco he sido bueno del todo. También fui indeseable a ratos, un mal amigo, acaso un pésimo hermano, hasta odioso con los que no me soportan, algo amargado, pero nunca de los nuncas he dañado a alguien con la intención malsana de hacerlo. 

No sé si mejoraré o empeoraré el próximo año, pero por si acaso triplicaré los rezos al santo de mi devoción. Por si las dudas, simpatizaré más con Dios. Y Dante Guerra seguirá como mi poeta de cabecera: "Si te besa el infortunio/ con sus labios resecos, fríos/ o con el calor de la desnudez./ Si te abraza la tristeza/ mientras miras el Metro/ salir de ese túnel oscuro./ Si te abofetea la muerte/ de algún ser querido,/ entonces cierra los ojos/ y vuelve a ser aquel niño/ que corría para alcanzar / al camión de los helados./ Si te acorrala el infortunio,/ acuéstate en posición fetal/ y llora sin miramientos/ hasta que entres en el sopor/ de los que despertarán renacidos". 

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