Quédate con tu corazón invernal

Sí, quédate con tus caricias de segunda mano, con tus rebajas de enero, con ese maniquí invernal que siempre ocupará mi lado de la cama
Roberto G. Castañeda
10/01/2019 - 09:00

Te vi ayer, caminando por la avenida principal. Ibas joven y radiante, con tu cabellera rubia. Ibas con él, con ese chico guapo que te enamoró. Te vi con tu mochila escolar y esa chamarra de mezclilla que te sentaba tan bien. Te vi con él y su sonrisa del que sabe que habita en tu corazón. No eras tú, ni él. Sólo eran unos chicos que me recordaron a ti, tomada de la mano de tu novio de siempre. Y me volví a enamorar de ti, como hace años, en la universidad. Aunque nunca volteaste a mirarme.
Te vi como ayer, como hace años. Y supe entonces, como hoy, que siempre serías algo imposible. Me sabía tu nombre completo y alguna vez te tomé una imagen desde lejos, saliendo de la clase de fotografía. Me gustabas tanto, con ese amor platónico que se volvió recuerdo. Te escribía poemas en secreto, muy malos por cierto. En mi defensa diré que no era yo, sino un sujeto menos práctico y más cursi. En mi mente te sacaba a bailar en la fiesta de graduación, pero entonces recordaba que siempre andabas en compañía del hombre que adorabas. Y digo que lo adorabas, porque lo reconocía en tu mirada y también porque lo comentaban las chismosas de tus amigas.
Te vi ayer, como podría verte mañana, junto a un tipo que nunca seré yo. Te vi ayer, como ahora, tan guapa y tan fuera de mi alcance. Y tus ojos destellaban como la posdata de una película: Debes dejar de mirar el mundo con la mente. Tienes que mirarlo con el corazón.
Pero ha pasado el tiempo y ya no soy el mismo que se enamoraba en silencio de mujeres imposibles. Y esto no es una posdata, sino una despedida. Y las palabras más certeras son de Dante Guerra, mi asesor de cabecera: "Hoy, después de tanto tiempo,/ por fin me gradué en esa terapia/ semanal de tontos anónimos/ que se enamoran de imposibles./ Hoy, después de mil frentazos,/ he caído en la triste cuenta/ de que hay malditos corazones/ que parecen condenados/ a repetir la palabra 'platónico'/ como si fuera un mantra./ Hoy, después de tanto tiempo,/ desactivé esta bomba de tiempo/ que me quemaba la caja torácica/ desde que te vi por primera vez".
Te vi anoche, en mis sueños. Te vi tan hermosa como siempre,  con tus jeans ajustados y la blusa que nunca desabotonaré. Casi siempre te sueño vestida, afuera del salón o la cafetería. No podría desnudarte en sueños, no sabría describir las geografías de tu cuerpo. No sabría si imaginarte con pecas en la espalda o un lunar junto a tu seno izquierdo.
Desperté temprano, con lagañas y la garganta un poco cerrada. Es el clima invernal, supongo. Y ahora traigo esta tos inoportuna. Y encima tengo esta gotera en el techo del alma, esta maldita gotera que parece deletrear tu nombre en cada insomnio. Creo que necesito un jarabe antigripal y, en caso de emergencia, un impermeabilizante para el alma. 
Pero también comprendo que hay infinidad de motivos que nos roban el sueño, que hay miles de asuntos pendientes que nos impiden cerrar los ojos. Si no es el dinero, es la escuela o el trabajo. No sólo es un amor imposible. También pueden ser los asuntos más urgentes o los más triviales, como una tarea, las deudas, que es media quincena, que te faltan abrazos, que te sobran olvidos. O que odias las posdatas.
También hay que entender que nos desvela el hecho de que ya no alcanza la poesía para enamorar. O que el recibo del teléfono llegó muy alto, que hoy nada salió bien o que los políticos huachicoleros no tienen madre los culeros.
También nos desvela el saber que la violencia empeora, que hay recortes de personal, que está de la chingada ser desempleado, que todo pinta del carajo y eso que apenas comienza el año. ¡Demonios!, cómo quisieras dormirte ya y que la mente dejara de girar.
Cómo quisieras que esa canción ya no sonará en todos lados. Cómo quisieras que ya no te llegaran posdatas por WhatsApp o que Dante Guerra no tuviera tanta razón: "Quédate con tus silencios,/ con la piedra volcánica de tu corazón,/ con los simulacros de tu alma./ Quédate con tus manos egoístas/ que no saben ni decir adiós./ Quédate con tus caricias de segunda mano,/ con tus rebajas de enero,/ con ese maniquí invernal/ que ocupará mi lado de la cama".

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