Loco por un 69

Lulú Petite
27/11/2018 - 09:18

Querido diario: Qué sensación más extraña la de ser la primera vez de alguien. Especialmente cuando esta persona te lo confiesa y, sin duda, cambia la tensión en el ambiente. Yo noté de inmediato que algo se traía entre manos, ya de entrada, desde de que pasé a su habitación, se nota cuando un cabrón te quiere pedir algo. Como que se traban buscando las palabras. Pero poco a poco las fue encontrando y, entre besos y caricias insinuantes por debajo de la ropa, me comentó que nunca había practicado un 69.

—¿Podemos?— Preguntó con timidez y una sonrisa pícara, como si me estuviera invitando a hacer una travesura. Me enternecen los hombres así, que han tenido una vida sexual con poca chispa, relaciones en una sola posición, con poco juego, poca pasión, poca iniciativa y vienen conmigo y se van dando ciertos permisos, van explorando su sexualidad y todo el potencial que tienen en la cama.

—¡Podemos!— le respondí. Él quedó atrapado debajo de mí, con mis muslos contra sus hombros, yo recostada sobre su abdomen, de cara a su potente erección. La sujeté entre mis manos para pajearla lentamente, de la base a la cabeza, sonriendo y mordiéndome los labios mientras él exploraba los de mi vulva con los dedos. A medida que su curiosidad aumentaba, se me iban llenando más de flujo a rebosar. 

—¿Te gusta?— le pregunté, y sin esperar respuesta le paseé la punta de la lengua por el contorno del glande. Mi compañero tensó los muslos y paró el jugueteo un poco para concentrarse en lo que le estaba haciendo con la boca, al tiempo que se agarraba a mis nalgas con las palmas abiertas y me dijo satisfecho: —Me encanta—

Luego hundió la boca tibia entre mis labios, y un escalofrío de los buenos me subió por la curva de la espalda. ¿Qué más estímulo que aquel para entregarme de lleno a hacerle una mamada de las ricas?

 Era esa la mayor ventaja de los 69: la reciprocidad. Me encontré entonces llevándome su erección a la boca, arropándola hasta la mitad para chuparla con ganas, subiendo y bajando el rostro con el sólido objetivo de acariciarlo entero con la lengua. No quedó pedacito de mi boca que no se viera en contacto con esa miembro caliente y surcado de venas.

Esa sesión de comernos mutuamente nos desesperó al punto que estuve cerca de correrme en su boca, pero terminé montada arriba de su imponente pieza. Además, ahora nos veíamos a los ojos con cierta complicidad y no pude sino darme por satisfecha. Me vine con el sexo inundado de las mejores vibras. ¡Qué rico! ¿No?

Hasta el jueves, Lulú Petite

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