¡A fuego lento!

"El orgasmo todavía me reventaba adentro como fuegos artificiales”
Lulú Petite
18/12/2018 - 05:18

Querido diario: Hoy me tocó atender a un chef muy tempranero. Un tipo alto, rubio, guapo, de ojos azules, corpulento, precioso me abrió la puerta —jelaaauu— Me dijo (O eso entendí). Viéndole la pinta y me recibe hablando inglés, no me quedó otra que preguntarme de dónde venía este muñecote gigantesco. 

—¿De dónde eres?— Pregunté para romper el hielo, apostando que me contestaría que gringo, ruso o alemán.

—Pues… de aquí— Respondió en español muy chilango.

Sí, eso me pasa por suponer cosas prejuiciada por un saludo y el aspecto. El caso es que se rió por la confusión, me pagó, se fue derechito a la cama y se encueró solito. Ora sí, que donde fueres, haz lo que vieres, así que pues también me desnudé y me trepé a la cama.

Empecé a darle besitos y tenía cosquillas (Tan grandote y tan risueño). Así que me dijo:

—Súbete... —Entre cachondo y mal modoso. Le vi la herramienta y ¡Zas! Muy buena. Chula. Del tamaño que me gusta. Limpia, perfecta.

Me trepé y le hice la matraca. Estaba realmente agitada montada arriba de él, deteniendo por un instante las embestidas largas que empleaba para cogérmelo, y en vez aproveché para menearme en círculos pequeños con su erección todavía encajada adentro de mí. Si algo quería yo es que permaneciera ahí donde lo tenía. Él, desde abajo, tumbado sobre su espalda, enterró la cabeza en las almohadas de golpe, y me agarró con fuerza por las nalgas. —Así me gusta...—, me dijo entre dientes, guiando él mismo el vaivén de mi culo arriba suyo. Pero no por mucho. Apenas me moví y lo poquito de aire fresco que había en el cuarto me bañó la nuca, me planté con las manos en su pecho y retomé mis andanzas. Dios mío, cómo me hacían gemir esas embestidas largas, cómo me gustaban. Cuando: —Ah... Ahhh...—, gimoteó con la voz temblando y ¡Zas! Se vino.

Caí con un gemido interrumpido sobre la cama, con todas las extremidades sometidas a un cosquilleo intenso y la mitad del cuerpo temblando como gelatina.

 Mi gigante es chef. Lo suyo, lo suyo, lo suyo es la cocina. Pero en la cama también es maravilloso. Aunque la primera fue precoz, no tardó en pedirme la segunda. Comparando su tamaño y el mío, dijo que era como si un tráiler se quisiera coger a un vocho. ¿Vocho? No supe si reírme o encabronarme, así que me lo cogí.

Me sostuvo de espaldas contra su pecho, de manera que mi calor se mezcló con el de él como piezas de un rompecabezas, cuando ya me tenía abierta de piernas y su erección estaba en mi entrada. Le bastó empujarse para dar comienzo de nuevo al circo en mi cuerpo, él mismo se agarró a mi vientre con una mano abierta y experimentó los espasmos y los retorcijones en primera fila.

Mi chefcito combinaba las estocadas que se mandaba contra mi cuerpo con una buena sesión de besos en mis senos cuando un rayo de electricidad me tensó el cuerpo y me supe perdida.

Estaba ida, disfrutando del placer que me quemaba desde los tobillos hasta la cara, así que apenas fui capaz de resistirme a sus embates deliciosos. Él me había abierto las piernas y dejaba caer besos apasionados en mis labios.

—Corrijo— Me dijo. Yo si soy un tráiler, pero este tráiler se acaba de coger a un Ferrari. Chiquito, petit, pero Ferrari.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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