Abrí la boca a punta de lamidas

Lulú Petite sexo sexualidad
“Mi cuerpo se estremeció por la primera oleada de electricidad que me subió desde los pies hasta la cara”
Lulú Petite
28/03/2019 - 05:18

Querido diario: Desnudos, Roberto y yo caímos rendidos sobre las sábanas suavecitas. Sonriendo, apenas nos incorporamos lo suficiente como para encontrarnos a mitad de camino con un beso húmedo.

Nuestros hombros quedaron piel con piel. De esas veces que sólo miras al techo contenta, sabiendo que lo que viene será bueno. Me acurruqué de costado, con la cabeza en la cuneta entre su hombro y su cuello. Cerré los ojos y comencé a tocarle el pecho desnudo y a descender en una caricia prolongada hasta su abdomen. Bajé un poco más la mano y sentí su sexo tibio. Ahora que mis dedos se cerraban alrededor del tronco grueso de su erección, nos comíamos los labios despacio.

De pronto se incorporó y comenzó a besarme el cuerpo mientras bajó con una mano hasta mis tetas, palpando primero para apretar después mi pezón erguido. Muy entretenido él con mis reacciones, se bebió buena parte de mis respingos con su boca tibia bien posicionada contra la mía, que permanecía jadeante.

Gemí, un tanto perdida en la maniobra suya de acariciarme el pezón paradito con el pulgar para después atraparlo entre el índice y su dedo medio. Era suficiente estímulo aquél para mover mi mano frenéticamente desde la base de su miembro hasta la punta, pero opté, en vez, por masturbarlo lentamente, para disfrutar de la textura de su pieza caliente que cada vez se iba poniendo más gruesa entre mis dedos. Tuve que soltarla para incorporarme de rodillas. 

Todavía íbamos unidos por los labios cuando me moví: qué encanto de hombre este que no se le antojaba soltarme ni un instante. La mano suya que me acercaba a él por la nuca me bajó por la columna luego, para instalarse en la parte baja de mi espalda una vez me hube inclinado hacia adelante sobre su cuerpo, con un brazo estirado para alcanzar uno de los paquetitos de condones que había dejado allí para ese momento.

Inclinada sobre él, fui bajándole a besos por el pecho mientras le forraba el grueso de la erección con una mano. Cuando finalmente llegué a la meta de mi camino, abrí la boca para terminar de acomodarle el condón con ella y chuparme la cabeza de su miembro.

Me fui hasta la base de su erección a punta de lamidas, separando cada vez más los labios para darle paso a ese imponente diámetro que se apoyaba contra mi lengua. Cuando lo tuve dentro casi por completo, subí la cabeza, pero no lo ofrecí nada de tregua porque inmediatamente volví a bajar. Me bastó repetir el movimiento de abajo hacia arriba un par de veces para que me hundiera los dedos en la carne de las caderas.

Me rogó entonces que lo montara. Me levanté de un salto y le pasé una pierna a cada lado del cuerpo, inclinándome hacia adelante para encontrarnos con un beso mientras me sentaba sobre su erección. Fue un alivio sentir cómo por fin me penetraba. Mi cuerpo se estremeció por la primera oleada de electricidad que me subió desde los pies hasta la cara.

Tan excitada como estaba y con el vientre apretado por el orgasmo, me eché hacia atrás para agarrarme de sus piernas. Entonces encontré el impulso en mis rodillas para montarlo a mi gusto, gimiendo alto cada vez que mis sentadillas me daban en un punto importante allá adentro. Él, mordiéndose el labio inferior, no se perdía ni un instante de la vista de mi cuerpo comiéndose su erección. Justo antes de cerrar los ojos por el placer, lo vi resoplar, con la mirada en mis senos que apretaba con sus manos. Sentí en ese momento su miembro bombear dentro de mí y llenar el condón con su torrente, mientras él gemía desesperado.

Hasta el martes, Lulú Petite

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