Pluma invitada

Los colombianos y la Benito Juárez

Mar, 23/10/2018 - 10:36

 

Tocan el timbre varias veces, para asegurarse de que no haya nadie en casa. Abren las puertas con instrumentos de cerrajero o, bien, violan las chapas. En menos de cinco minutos recogen en mochilas computadoras portátiles, consolas de videojuegos, tabletas, joyas, relojes y dinero en efectivo.

Suelen ser grupos de tres personas. En la alcaldía de Benito Juárez, los robos ocurren entre 9 de la mañana y tres de la tarde. Las joyas son revendidas en locales del Centro Histórico, en donde se les funde. Los aparatos eléctricos van a parar a la Plaza Meave, de Eje Central. Cada golpe arroja un botín de por lo menos 200 mil pesos.

Hay tantos casos que en la agencia del MP atienden a las víctimas de robo a casa habitación con hastío, los peritos no llegan a presentarse nunca en el lugar de los hechos, y la policía de investigación no suele avanzar en los casos. Desde hace años, la hoy alcaldía de Benito Juárez –que hasta hace unas semanas gobernaba el panista Christian Von Roehrich–, ocupa el primer lugar nacional en robo a casa habitación.

De acuerdo con el Observatorio Nacional Ciudadano, la tasa de este delito es de 179.5 por cada 100 mil habitantes (y desde hace tiempo crece a un ritmo de 12% cada año).

En junio pasado, un vecino de Luz Saviñón logró escapar del departamento al que tres personas habían ingresado para amagarlo con un arma de fuego. Los ladrones huyeron en un taxi. Una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública les dio alcance. A bordo de la unidad iba un hombre al que le faltaba una pierna, una mujer, y dos ex presidiarios que habían sido condenados por robo agravado. En las mochilas llevaban un botín de 150 mil pesos en joyas y electrónicos.

Datos de la Coordinación de Seguridad Ciudadana de Benito Juárez indican que las colonias más golpeadas por ese delito son Del Valle, Narvarte y Nativitas. Un documento de esa Coordinación revela que buena parte de las bandas están formadas por colombianos que llegaron al país “por invitación” y recibieron de grupos criminales locales armas, vehículos y hospedaje.

En los últimos meses han sido desactivadas –hasta que el nuevo sistema de justicia penal diga otra cosa– al menos seis bandas de colombianos.

La Procuraduría afirma que los ladrones de casa habitación ubican a sus víctimas por medio de recorridos en los que –acompañados casi siempre por mujeres que les ayudan a pasar inadvertidos– logran identificar los horarios de entrada y salida, los movimientos del personal de seguridad, los domicilios que carecen de cámaras o de alarma.

En los últimos meses, según los datos de la alcaldía, 16 personas de nacionalidad colombiana han sido aprehendidas en Del Valle, Narvarte y Nativitas. Las investigaciones indican que la red de asaltantes de casa habitación de origen colombiano es operada por un sujeto llamado Harold “N”. Se ha podido comprobar que a él se debe la llegada de al menos 12 ciudadanos de aquel país, “que se unieron al grupo para robar”.

Harold “N” ha sido aprehendido seis veces. Los cargos no han bastado para mantenerlo tras las rejas.

En 2017, la policía detuvo a 25 colombianos dedicados al robo. Ese año se abrieron en Benito Juárez mil 710 carpetas de investigación relacionadas con el robo a casa habitación. Según el Observatorio Nacional Ciudadano, ese año la tasa de robo a vivienda creció en Benito Juárez más que a nivel nacional.

“Gabriel” llegó a su domicilio en la calle Casas Grandes y halló la cerradura forzada. Lo esperaba adentro la escena de rigor: los cajones revueltos, las puertas del clóset abiertas, “la sensación –dice— de que una rata hubiera entrado a hurgar y roerlo todo”.

Era la segunda vez que le pasaba a él en este año, y el quinto robo documentado sólo en esa calle.

Las cámaras de vigilancia de los edificios suelen revelar hasta los rostros de los asaltantes. Hay grabaciones obtenidas en Nápoles, Del Valle y Narvarte que muestran hasta 15 veces el rostro del mismo asaltante.

Esta mañana, los vecinos de Benito Juárez saldrán nuevamente rumbo a sus oficinas. Ninguno de ellos sabrá, al volver, qué es lo que va a encontrar.

 

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