Conductor atropella a barrenderos, dos mueren

El automovilista invadió el carril confinado del Metrobús y arrolló a empleados
10/06/2015 - 11:38

Sin un camión que los protegiera, reflejantes o señalamientos que anunciaran su presencia, Edith Aparicio Cruz y Jorge Antonio Franco, barrenderos nocturnos de la delegación Gustavo A. Madero, fueron arrollados por un conductor que se dio a la fuga; ambos murieron en el lugar del percance.

Ellos formaban parte de la cuadrilla encargada de limpiar la avenida Eduardo Molina, del tramo que va de avenida Victoria hasta Puente Negro. Fue mientras laboraban  que un automovilista invadió el carril confinado del Metrobús. Primero arrastró  el carro de basura entre las llantas, junto con una  de las víctimas, que resultó  herida junto con un barrendero más.

Minutos antes del accidente, dos de los seis trabajadores que integraban la cuadrilla fueron llamados para recoger los tiros de basura clandestinos en avenida Talismán, para trasladarse  utilizaron el camión que regularmente alerta con reflejantes el trabajo que realiza  este personal. Sobre la avenida Eduardo Molina, a la altura de la colonia Juan González Romero, se quedaron barriendo cuatro personas: Diana, Luis, Edith y Toño, los dos primeros encomendados a limpiar la banqueta y los otros a trabajar sobre  el carril confinado, que en esta avenida se cierra de la una a las cuatro de la madrugada.

Según  las primeras versiones, a uno de los barrenderos el coche le pegó con el espejo del conductor y lo lanzó a la malla ciclónica. A otra la arrastró varios metros, mientras que a Toño, de 19 años  y a Edith, de 27, el coche les pegó por la  espalda, lo que les provocó la muerte.

Con un horario de 10 de la noche a 5 de la mañana, el personal de este turno no cuenta con seguro de vida, no recibe prestaciones ni forma parte de algún sindicato; trabajan para la empresa SUMICOR, subcontratada por el GDF y  ganan por jornada diaria alrededor de 150 pesos, que son 900 por semana, trabajando siete días a la semana. “Veníamos platicando de que su niña acababa de dar sus primeros pasos. Horas antes nos sentamos a cenar todos juntos y Toño nos regaló un chocolate a cada uno”, comenta una de las compañeras de Edith.

Entre sollozos e incertidumbre, armados con chamarras fosforescentes, los compañeros de Antonio y Edith elevaron ayer un rezo al cielo mientras esperaban noticias afuera Ministerio Público de la GAM 4.

 
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