Otra vez en Nueva York

Fue muy grato festejar mis 36 años como luchador en una batalla con el Matemático
El Hijo del Santo
26/10/2018 - 05:18

En mi reciente viaje a Nueva York, afortunadamente nos fue muy bien, y digo ‘nos fue’ porque el promotor de la función del pasado 19 de octubre, logró agotar los boletos del Wiidi Hall.

Ahí, mi querido compañero el Matemático celebró sus 50 años entre aplausos, recuerdos y  lágrimas, con  un profundo reconocimiento y cariño del público.

Por mi parte, estuve muy festejado, pues el día 18 me cantaron las mañanitas con mariachi y partimos un pastel en compañía de algunos de mis compañeros, amigos  y público aficionado que se dio cita en el restaurante “México en la piel”.

Y para cerrar con broche de plata, mi admirado y gran rival Ángel Blanco Jr. y un servidor dimos una excelente lucha plagada de técnica y buenos lances, lo que fue reconocido por el público que al final nos premió lanzando dinero al ring. Celebré mi aniversario con un triunfo en una sola caída, para mi sorpresa mi enemigo en turno reconoció su derrota y me tendió la mano, felicitándome por mis 36 años de carrera. 

TRISTE AVENTURA. Este viaje también me hizo recordar cuando vine a esta ciudad en 1999 en compañía de los Brazos de Oro y Plata, además del Brazo; también venían Lady Apache, La Diabólica, Pirata Morgan, Scorpio Jr. Los minis y Pequeño Solin, entre otros compañeros.

Como sucede regularmente, los promotores nos recibieron con ¡bombo y platillo! Nos llevaron a comer a un lugar que patrocinaba el evento y después al hotel. Pero era un sitio frío, viejo y lleno de humedad , en una zona desolada. Pequeño Solin era el encargado del grupo y le comenté que los muchachos no traían dinero y que el hotel estaba muy feo... “No te preocupes (me dijo con seguridad) mañana muy temprano nos traerán un adelanto en dólares y nos cambiaran de hotel!... Así que acepté.

Al siguiente día habían quedado de pasar por nosotros a las 9 de la mañana para llevarnos a dar un paseo. A las 8:45 estábamos todos listos en el lobby del hotel. Eran las 10 de la mañana y nadie llegaba, hacía mucho frío y solo había casas y viejos edificios en los alrededores. 

Lady Apache y El Brazo de Oro llevaban a su bebé de nombre Kahori, de meses de nacida y necesitaban comprar leche, así que fuimos a buscar una tienda para comprar café para nosotros y leche para la niña. Ya eran las 12 del medio día y seguíamos esperando, así que sugerí a todo el grupo subirnos al metro y visitar Manhattan para que se tomarán fotos en la Estatua de la Libertad. 

Compré boletos para todos y abordamos el metro, después de 20 minutos llegamos a Rockefeller Center y caminamos entre el bullicio de la ciudad. Todos se iban tomando fotos pues para la mayoría era su primer viaje a Nueva York. Finalmente llegamos a la Estatua de la Libertad y con mi tarjeta de crédito compré boletos para todos y luego abordamos el Ferry. 

PROFESIONALES. Por la tarde, ya de regreso al hotel, nadie había ido a buscarnos y como profesionales ya estábamos listos para ir a la función de esa noche, la cual estuvo escasa de público y no nos pagaron. Al siguiente día, domingo, hicimos una reunión entre todos y decidimos que lucharíamos esa tarde, pues el público no tenía la culpa de la irresponsabilidad del promotor.

Teníamos hambre, pero no dinero y yo ya no tenía efectivo para prestarles.

Uno de nuestros compañeros (el Dinámico) nos llevó a la pequeña casa de su hermana que vivía allá y nos preparo huevos a la mexicana y tortillas, comimos como náufragos pues no habíamos cenado la noche anterior. Se llegó la hora y nuevamente como profesionales, nos presentamos en la función.

Al final no había dinero pues la entrada había estado muy “floja” ya que no habían hecho NADA de publicidad. Me llamó el promotor y me dio como pago 1000 dólares, pues era lo único que tenía. ¿Y mis compañeros? Le pregunté molesto, él sólo levanto los hombros cínicamente y me dijo: ‘no hay más’. Así que  ¡recibí el dinero y lo repartí entre todos! Molestos y también tristes, decepcionados, abordamos al siguiente día el avión de regreso a México.

“La vida de los luchadores no es fácil, ni siempre está impregnada de dinero, triunfos y fama”.

Nos leemos la próxima semana, para que hablemos sin máscaras.

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