¡Lunes sexxxoso!
ÁNGEL GONZÁLEZ
El Universal

Martes 03 de marzo de 2009

¡El último apaga la luz! Rápido se fueron seis días de sexo. San lunes en la feria del deseo y ya nos vamos, pero antes un taco de ojo, una probadita, una última tentaleada

¡El último apaga la luz! Rápido se fueron seis días de sexo. San lunes en la feria del deseo y ya nos vamos, pero antes un taco de ojo, una probadita, una última tentaleada. Para vencer el síndrome del taquero hay que hacerse de los últimos arrestos y pensar que todo lo que pasa por nuestros ojos es nuevo, y por lo tanto, un premio al esfuerzo.

Como estos miles y miles de visitantes, que presurosos arriban, como buenos mexicanos, todo lo dejan a la última hora. “No pudimos venir los otros días y no quisimos dejar pasar la oportunidad”.

Muchos faltaron a sus trabajos para venir al Palacio de los Deportes. Unos pidieron permiso, otros se reportaron enfermos. El público de este día de clausura está cortado con la misma tijera: traje, ellos, y traje sastre, ellas; de varios precios y calidad; con corbata y zapatos lustrosos, con tacones. Las corbatas guardadas en el saco.

Pero no son los únicos de esta fauna ardiente, también hay trabajadores de oficios; de manos ásperas y gorras manchadas, playeras y mochilas... zapatos raspados.

Hay padres e hijos, como aquel que le avisa a su mamá por teléfono que “llegaremos tarde. Sí, vine con mi papá y Carlos; sí mamá, llegamos a cenar, y si no, pues cenamos por allí”.

También hay estudiantes como estos cuatro amigos que participan en el casting convocado por el portal tierraerotica.com para escoger un nuevo actor porno.

Igual el que se tomó sus dos horas de comida para echarse un rapidín; “pero igual y ya no regreso, está re bueno todo esto”.

San lunes, ¿quién lo inventaría? Se asegura que es el primer día de la semana, al menos de nuestra semana chilanga, y también dicen los que saben, que en el primer día Dios creó la luz...

¡Claro!, ahora todo embona. El sexo es luz o te la muestra; la luz, la luz. Porque todos lo saben, cuando uno hace el amor se siente como una muerte chiquita, y al final del túnel de esa pequeña muerte hay luz, ¿qué no? Por cierto, ¿ya lo dije?, ¡el último apaga la luz!



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