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| La vedette del público familiar |
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ÁNGEL GONZÁLEZ
El Universal Domingo 18 de octubre de 2009 |
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Inició desde pequeña y, dice, al terminar su show hacía tapetes en el camerino; esporádicamente aparece en telenovelas
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En algún punto la vida de Thelma Tixou, vedette de dos décadas —70 y 80— cambió, y ella no lo hubiera querido así. “Me hubiera gustado vivir otra vida. Vi el matrimonio de mis padres y me hubiera gustado vivir algo así”. Para entenderlo es preciso relatar su testimonio. Y lo hace en entrevista, con su acento argentino, domesticado por 37 años de radicar en México. “Comencé muy chica. Estudié seis años en el teatro Labardén...” para lo demás remite a un comunicado resumido en poco más de una cuartilla. “A los 13 años ya tenía yo un cuerpazo, entonces mi mamá decidió que la carrera de vedette era lo más adecuado para mí porque yo era muy buena bailarina de jazz...”. Se le dio y a los 17 años ya era la segunda de la primerísima bailarina. “Una gran vedette es aquella que sabe caminar arriba de un escenario, moverse, no provocando a los hombres, tener una prestancia sobre el escenario, independientemente que sea actriz, bailarina y si no es una gran cantante, porque yo nunca lo fui, pero sí estudié foniatría para hacer dignamente mi actuación”. El mundo del espectáculo fue duro para ella, pero la figura de su madre, apodada La Generala literalmente la seguía por todos lados. Hija de madre lituana y padre polaco, Thelma Delia Sukiennik Snopik fue educada “con una disciplina muy severa”. Orgullosa apunta que “los teatros de revista en Argentina son una regia copia del Lido de París, donde fui contratada pero nunca fui por una serie de cosas que no me gustaron”. A decir suyo, “cuando llego a México revoluciono el medio con mi estilo”... y una imagen suya como barajándola entre las enormes manos, se le cae sobre la mesa donde charlamos: “Los hermanos de mis abuelos fueron muertos en el holocausto, fue muy duro...” de ellos aprendió a sobrevivir. Siempre sonríe, y más cuando de recordar tiempos mejores se trata. “Llego a México sencilla, increíble siendo argentina, ja ja ja. Lo que más llamó la atención acá fue mi cuerpo: mis piernotas, mira también las manos que tengo, calzo del ocho”. —Una mu-je-ro-na... —Sí, decían, ¡qué es esto!, pensaron que yo... silicona; y yo decía, ¿qué están diciendo? En mi vida me operé los senos, no me operé nada; lo único que siempre usaba era esto, la peluca, que era una como Capulina y sus sombreros, ja ja ja. Nunca cantaba canciones del país. Llegó a hacerlo pero nunca cantó rancheras. Algo llamó su atención una vez que visitó un lugar de cuyo nombre no se quiere acordar, “allí vi que algunas cantantes al terminar sus actos se sentaban en las mesas y le dije al empresario, ¿por qué una artista hace eso?, ¡ah no!, porque aquí se estila así. A lo que respondí, sé que en Argentina hay esos lugares y se les llaman coperas y aquí se les llama ficheras”. En el público femenino encontró siempre a sus grandes aliadas. “Es increíble pero en Argentina las admiradoras más grandes que tiene una vedette son las mujeres; las esposas llevan a los maridos”. La vida de Thelma Tixou parece nunca haberle pertenecido. Su madre decidió por ella que fuera vedette, su marido fue su representante y la saqueó... pero aún así es un ejemplo de supervivencia.
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