José viene de lejos, de Toluca para ser exactos, pero puede llamarse Juan, Pedro o Zacarías y venir de Neza, de Iztapalapa o Satélite. Y pasaría desapercibido si no fuera por un pequeño detalle: es tímido y eso en lugares y eventos como éste, la Expo Sexo y Entretenimiento, se paga casi con la vida, el prestigio o la reputación.
Y más si se viene acompañado de amigos cuyo principal objetivo es “pasarla bien”. Cosa nada fácil para Pepe, quien hizo el viaje desde la “ciudad del chorizo verde” para “darse uno de ojo y otra cosita, digo si se puede ¿verdad?”, dice mientras soba su cámara fotográfica como si de una lámpara maravillosa se tratara para él.
Hay una constante en este evento, que ayer celebró su primer día. Conforme la tarde se hacía vieja, la gente llenaba los espacios vacíos de los más de 20 mil metros de erotismo puro, en el Palacio de los Deportes.
Y ellos, los muchachos serios, opacados, grises, sudan y tragan saliva cada que pasan cerca de algún cuerpo de redondeces martirizantes.
Por eso son escarnio de quienes por el contrario, se desinhiben y marchan felices por su foto, por el autógrafo, por la gloria de un beso o de agarrar una teta o una nalga de las actrices. La foto desde lejos es su mayor tesoro.
Otro muchacho se esconde detrás de su cámara de video, prefiere, quizás, ver todo a través del tamiz de la pantalla. O ese otro que aprieta el obturador de su celular y repite la toma mil veces porque le tiembla el dedo, la mano, el corazón o simplemente porque quiere atascarse ahora que regalan el lodo. Sí, este año no se cobra la mayoría de las fotos en esta expo de la carne y el sudor.