¡Ahí viene el coco!

Si por miedo a la noche un niño le pide no apagar una lámpara, hay que dejarla prendida; poco a poco podrá ir atenuando la iluminación hasta que duerma sin ella
Silvia Ojanguren
19/01/2015 - 03:00

L os temores nocturnos no son cosa de juego o no lo son en muchos casos, ya que el miedo a la noche es natural al humano y desde la prehistoria los primeros hombres sabían que en la oscuridad eran fácil presa de los depredadores, en especial los niños. 

Este terror, tiempo después, se transformó en las pesadillas nocturnas y es parte de la evolución de un mecanismo de sobrevivencia, el cual se ha sofisticado por la inteligencia que lo caracteriza y se plasma en los mitos creados por el humano y que rondan en la oscuridad.

En la noche... “El ser humano es un ser diurno porque nuestra visión nocturna no evolucionó como la de las otras especies... no vemos bien en la noche”. 

En este ambiente de temor aparecen las historias de miedo, religiones, fantasmas, demonios, “lo que dicen los grandes a los niños para que se duerman rápido, el “coco”, y últimamente las películas, los monstruos e, incluso, el clima de inseguridad que siempre se agrava en las noches”, señala Claudia Sotelo Arias, directora del Centro de Especialización de Estudios en la Infancia (CEEPI).

“Por lo tanto, tenemos a niños que le tienen, en el mejor de los casos, miedo a la noche; en el peor, pánico”.

La especialista comenta que el miedo infantil a la noche es un problema frecuente que se presenta entre los tres y los nueve años: 

“Los niños se siente vulnerables, pero el problema se tendría que resolver con unas cuantas palabras afectivas. De ahí que contar cuentos infantiles sea un bálsamo que alivia ese temor, porque los simbolismos positivos de los cuentos terminan por ‘matar’ a los ‘fantasmas’ que rondan en la noche. El problema es cuando se tiene realmente pánico a la oscuridad”, dice. 

Mundo oscuro. Si el miedo es descontrolado, explica, podría tratarse de algo que no está funcionando bien: agresiones de un familiar, acoso escolar, déficit de atención (TDAH) y, en casos más extremos, podría representar un escenario de abuso sexual, por lo que es indispensable prestar atención de inmediato.

CEEPI ofrece una serie de consejos para atenuar e, incluso, desaparecer de forma rápida el temor a la oscuridad de los niños:

Aceptar (padres e hijos) que el miedo a la oscuridad es normal.

Entrar al cuarto de los niños (con ellos) en diferentes horas y hacerles ver que no existe nada malo en su habitación.

Contar cuentos tiene un efecto tranquilizante.

Si se despiertan en la noche por una pesadilla, no es bueno regañarlos y menos gritarles: hay que hacerles ver que fue un mal sueño, que no pasa nada y hacerlos dormir en su cuarto (nunca con los padres).

Supervisar contenidos tanto en Internet, como en televisión (el problema puede ser un programa con imágenes no apropiadas para su edad).

 

 

 

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