La frialdad en las calles

Al parecer, el dolor ajeno ya no le importa a las personas que transitan por la vía pública
Mario Mejía
18/09/2014 - 23:18
Una plática amena con una amiga de pronto se convierte en un reclamo social con sólo  recordarle una anécdota de cuando caminaba sobre la banqueta al lado de la Suprema Corte de Justicia, en el Centro Histórico.
 
“Una señora, como de 70 años, que vende chicles, golosinas, cigarros y demás mercancía de bajo valor, cayó frente a ese edificio gris e intimidante, nadie, escuchaste bien, nadie la socorrió, hasta que llegué a ella y traté de ayudarla. ¿Tú sabes por qué el peatón se ha vuelto tan insensible?
 
Fue una pregunta que no pude responder en su momento, pero como un karma y después de despedirme de ella, me tope con un señor cincuentón inclinado en una de esas bancas horrorosas que repartieron por Paseo de La Reforma.
 
 Se miraba ensimismado y nadie, incluido yo, se acercó para saber qué tenía. Recordé de inmediato la pregunta de mi amiga y puse atención a lo que mi pensamiento generó para argumentar no ayudar al hombre.
 
 Me decía a mí mismo que tal vez andaba crudo y era más efectivo dejarlo en paz o que si me acercaba seguro me pediría dinero, también pensé que quizá era un loco religioso que, de pronto, sintió la necesidad de orar en plena calle y que si lo ayudaba o interrumpía, me trataría de convencer para convertirme a su religión.
 
 Para mí fue la respuesta a la pregunta de Alicia, mi amiga, que en estos tiempos de sorpresas callejeras, suposiciones a pie de banqueta, nomás  no reaccionamos para ser solidarios  con los que lo necesitan, vamos, nos paralizamos en los supuestos mientras miramos al afectado o como yo, le tomo una foto para explicarle cómo hemos perdido la empatía con nuestros prójimos.

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