Con sabor a París

El andar de los peatones en una de las ciudades más emblemáticas del mundo fue retratado desde hace varias décadas y ahora puede apreciarse en el Distrito Federal
Mario Mejía
16/04/2014 - 03:00
La caminata bien ejercida obliga a la observación del entorno. Después de un rato, se transforma  en mirada que construye e inventa su propio mundo, y si ese peatón que mira carga una cámara: ¡Inevitable hacer click!
 
Impensable mirar la obra del fotógrafo francés Robert Doisneau (Gentilly, Francia, 1912-1994) sin imaginarlo como viandante de la ciudad que no duerme, como andariego cazador de imágenes que se abría paso entre la luz y la sombra con su cámara  Rolleiflex, como quien abre un telón de teatro: sigiloso y a la expectativa.
 
En sus fotografías, además de congelar a personajes de la vida cotidiana, también se captura  la atmósfera de aquellos años 40 y 50 que magistralmente imprime con su mágico secreto imperfecto: su mirada en blanco y negro.
 
Este viandante con cámara se expone en el Palacio de Bellas Artes desde el 11 de abril, y hasta el 29 de junio del 2014. Ocupa  dos salas que, francamente, se nota que dispusieron con mentalidad de calzador para "celebrar"  la reanudación de las relaciones bilaterales entre Francia y México, apagadas hace años por el caso de Florance Cassez, ciudadana francesa acusada  de secuestro.
 
Aunque la selección de las fotos expuestas estuvo a cargo de las hijas del fotógrafo, Francine Deroudille y Annette Doisneau, las 78 fotografías me quedaron debiendo, es decir, este maestro de la lente debió ser celebrado con más imágenes de las 440 mil que archivó. Se extrañan  las fotos murales que, como olas gigantes, pudieron invadir nuestra mirada  para reconocernos en su encuadre como la que hoy muestro: “La Plaza de la Concordia”.
 
  En ella, se muestra a peatones parisinos de finales del 60 corriendo por su vida en esa glorieta, otrora lugar de decapitaciones, que nos puede emular a cualquier glorieta del Distrito Federal, en la que hemos corrido por nuestra integridad. Recomendable estar frente a esta obra de Robert Doisneau, para refrescar, en estas semanas de calor, además del cuerpo, los ojos que bien merecen contagiarse de esta mirada parisina.

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