Cuando el sexo lo es todo

Las relaciones sexuales van más allá de la penetración
Cecilia Rosillo
30/07/2015 - 04:00
Y crecemos pensando que en el sexo el coito es el único camino al placer y la única manera de “hacerlo realmente”, a esto se le conoce como coitocentrismo y podría definirse como la tendencia a necesitar la práctica del coito durante las relaciones sexuales, para que puedan percibirse como plenas y satisfactorias.
 
Muchas personas relacionan otro concepto con éste, que es el de la genitalidad, que hace referencia al uso imprescindible de los genitales en las relaciones sexuales, entendiendo éstas como incompletas si no han intervenido estos órganos.
 
En otras palabras, para los coitocentristas para que haya coito es indispensable que haya genitales, ya que éste supone la unión sexual de dos o más personas a través de sus órganos genitales.
 
El coitocentrismo es una tendencia que supone una serie de concepciones sobre la sexualidad que no siempre son correctas; como considera la penetración como lo más importante de las relaciones sexuales, se subestiman el resto de prácticas sexuales tales como el sexo oral o manual, no considerándose prácticas completas o satisfactorias en sí mismas y, más limitante aún, creen que el fin de la sexualidad es conseguir llegar a tener un orgasmo a través del coito.
 
Las personas que tienen muy interiorizada esta forma de entender la sexualidad, son más proclives a vivir su vida sexual y erótica con mucha ansiedad y angustia.
 
Además, puesto que la base de las relaciones sexuales es el uso de los genitales, éstos van a tener una importancia totalmente exagerada. Por ejemplo, para los hombres con estas ideas su pene se convierte en el órgano más importante. Debe ser de gran tamaño, alcanzar una dureza considerable y aguantar el máximo tiempo posible durante la penetración para que pueda dar placer a su pareja.
 
En el caso de las mujeres, debe tener una vagina perfectamente lubricada y disfrutar enormemente de la penetración de su pareja a como dé lugar para obtener placer.
 
Por ello, es más probable que estas personas desarrollen disfunciones sexuales, primero  porque el placer de la mujer está supeditado al del hombre, ya que queda implícito que ella sólo puede y debe disfrutar con la penetración vaginal, aunque es claro que la mujer disfruta su mayor placer sexual a través de la estimulación del clítoris. 
 
Esa necesidad que las mujeres tiene de estimular directa o indirectamente el clítoris, que dicho sea de paso, está hecho sólo para la excitación sexual, no siempre se produce durante la penetración.
 
Otro problema es creer que el hombre siempre tiene que estar dispuesto para tener relaciones sexuales. No puede permitirse el lujo de tener pocas ganas, ya que su pene tiene que responderle de forma adecuada. Además, suponiendo que no haya problemas de deseo ni en la forma de excitarse, el hombre debe “aguantar” hasta que su pareja esté satisfecha.
 
El coitocentrismo no considera que los hombres y las mujeres tienen ritmos distintos de excitación sexual y que las mujeres, generalmente, necesitan más tiempo para alcanzar un grado alto de excitación y que, por eso, es muy importante lo que hacen previo al coito, como besos, caricias, abrazos, que no implican los órganos genitales.
 
Así, las consecuencias de este modelo de sexualidad es que las mujeres no estarán satisfechas sexualmente y los hombres eyacularán antes.
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