Sin perder el erotismo

Cecilia Rosillo
20/04/2017 - 05:00
 

Uno  de los grandes retos de las parejas es retomar su vida sexual después de nacer el primer hijo, o los subsecuentes, puesto que la etapa de la crianza de un bebé es una entrega de tiempo completo.

Sin embargo, hay reglas básicas que si la pareja las lleva a cabo, su vida sexual y el erotismo no se ven mermados, o por lo menos son menos dañados por la llegada del nuevo integrante de la familia.

La primera regla es no acomodarse en el papel de pareja cuidadora. Hay parejas que al tratar de hacer la vida funcional, se concentran todo el tiempo en ser una pareja de cuidadores y olvidan ser una pareja sexual, que se desea y esto al final los lleva a verse como una pareja filial. Deben tener claro que una cosa es el papel de padres y otra  su vida sexual.

La segunda es no referirse el uno al otro como mami o papi. Trasmutar la sexualidad al afecto materno/paterno es una de las formas de hacer menos erótica la relación. Es indispensable que se sigan hablando como antes lo hacían o por sus nombres y no como “oye papi” o “mami, quieres tal o cual cosa”, porque al final el interés sexual cae ente las palabras a las que el cerebro se acostumbra, al inconsciente de las personas “le suena mal” tener sexo con su mami o papi.

De estas dos se desprende una tercera: No confundir a la madre o padre con el  hijo de la pareja. Una esposa o marido puede enojarse por alguna acción que el padre o la madre en su labor de crianza realiza, pero eso no quiere decir que deba enojarse con su pareja. Por ejemplo, dejar sin sexo al esposo porque castigó al hijo es unir el rol del padre con el de pareja, o viceversa.

La cuarta es: Las cosas de pareja no se discuten con las cosas de crianza. La labor de padres debe tener un espacio especial, donde ambos acuerdan, platican y proyectan la educación de los hijos, esto puede desembocar en un código familiar que dé las pautas de convivencia familiar, pero la vida erótica debe tener sus propios acuerdos, espacios de negociación y formas de manifestarse.

La quinta regla es: A la hora del sexo hay que ver al otro como hombre o mujer, no como la madre o padre del hijo. El momento erótico debe dejar de lado las figuras maternas y paternas, asumir el cuerpo del otro y el propio como personas individuales que tienen pasiones y placeres no como él o la compañera con la que se cambian pañales y se cuidan bebés.

 

 

 
 
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