Encuentros extremos

La pasión excesiva puede provocar lesiones serias en la intimidad
Cecilia Rosillo
17/10/2014 - 03:00
En el amplio mundo del sexo no podían quedarse afuera las lesiones, y no precisamente las que se originan como consecuencia de enfermedades de transmisión sexual, sino de aquellas que ocurren al momento de practicar el sexo.
 
Entre todo el abanico sexual, están las que se pueden considerar como superficiales y hasta las que pueden llevar a la extirpación de alguna parte del cuerpo.
 
Dejando fuera el mundo del sadomasoquismo, donde justamente el dolor físico es parte del juego, todas las personas estamos expuestas a lesionarnos a la hora de tener sexo, de manera no intencionada.
 
Las heridas más simples son las que se causan por rasguños y mordeduras en diversas partes del cuerpo, incluidos  los genitales. Esto pasa al acariciar con las uñas sin medir la presión o con besos y mordiscos en los que no se calcula la fuerza. 
Las quemaduras son lesiones típicas de  prácticas sexuales como apoyar las rodillas o codos en las alfombras, arena, pastos o superficies rugosas durante el sexo agitado, ya que causa fricción de la piel y, por ende, quemaduras. 
 
Los moretones son otras de las huellas que el sexo rudo deja. Y tiene dos orígenes: por golpes con objetos y sin intención (como pegarse con la silla) o los adquiridos por exceso de rudeza en las caricias como el pellizco y los famosísimos chupetones.
 
En un nivel más peligroso  están las lesiones de espalda y  torceduras de rodillas. Las primeras son comunes  cuando se hacen movimientos indebidos o  por hacer demasiado esfuerzo, como intentar sostener a la pareja en una posición “aérea”  o  depositar toda la fuerza en algún punto o bien, si algún amante se cae de la cama o si se golpea con algún mueble.
Las torceduras de rodilla se dan al practicar ciertas posiciones sexuales, incluso las más comunes, como la del “misionero” o el “perrito” exigen confiar el peso del cuerpo en las rodillas, que son las articulaciones más grandes. 
 
Los desgarres también se dan en el sexo, desde musculares en espalda, hombro, brazos o piernas, hasta de ano y vagina. Los primeros se dan por movimientos incorrectos al hacer cambios de posturas sexuales, las de las zonas genitales son por introducir objetos de manera inadecuada en estas cavidades. 
 
Otras lesiones son en los testículos, una de las zonas más sensibles del cuerpo de los caballeros. Las más comunes son la torsión, cuando el testículo rota de posición e impide el paso correcto de la sangre o la ruptura testicular, que se da comúnmente cuando se golpean fuerte y constantemente contra el hueso del pubis.  
 
En el pene, el desgarro de frenillo (si es corto y tirante se desgarra de forma total o parcial); la rotura de ligamento suspensorio, (estructura que sostiene al órgano en la base unido al hueso pelviano); y la fractura de pene, (ruptura de la túnica albugínea, que envuelve los cuerpos cavernosos) son frecuentes al momento de tener el pene erecto durante el acto sexual y empujarlo ruda y repentinamente hacia abajo, causando dolor y sangrado. 
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