Moldean niñas hipersexuales

La obsesión por tener a los pequeños a la moda y a las nenas como adultitas puede ser dañino
Cecilia Rosillo
16/07/2015 - 03:00

Y como dice el dicho: “tanto le hace el diablo al hijo, hasta que le zafa el brazo”; y de eso parece que hoy en día se trata con las niñas; de hipersexualizarlas, es decir, los padres las tratan como pequeñas adultas, reemplazan juegos o introducen nuevos  elementos de estética, cargando sobre la niña la necesidad de tener una imagen y ‘gustar’.

Las nuevas “princesas” de este siglo son niñas a las que, sobretodo sus madres, usan para superar sus propias frustraciones y lograr la mímesis de la hija, una manera de conseguir el reconocimiento ajeno. 

En otras palabras, mimetizan a la hija con ellas y tratan de hacer con la pequeña lo que en su infancia estas madres no fueron.

Esta hipersexualización tiene mucha más facilidad de darse ahora, porque se ha hecho un manejo mercantilizado del cuerpo, donde el valor de alguien pasa por su capacidad de gustar.

Los expertos señalan que, si bien a todos nos agrada arreglarnos y vernos adecuadamente, el matiz cambia cuando se sexualiza o se usan poses, ropa o arreglos que enfatizan atributos que no corresponden a una edad tan temprana. Los salones especiales para niñas son, más que una moda, en algunos sectores, ya un estilo de vida.

La ropa, el maquillaje (que no se usa para jugar “a ser cómo mamá”, sino para salir y hacerlo parte del arreglo personal, incluida la pintada de uñas), los zapatos y hasta las forma de actuar son parte de esta sexualidad mal enfocada. 

Y como dicen los sicólogos: “Que una nena juegue con el maquillaje de la mamá es lógico, pero no lo es que viva preocupada por cómo se ve o si está bonita. Todas las niñas lo son. No necesitan más que su alegría”. 

Lo fatal es que se sabe que las causas psicoafectivas se consideran las responsables. 

Es decir, las niñas, por ejemplo, son inducidas por sus madres a ver y hasta participar en los famosos ‘realities’ de reinas de belleza o ‘castings’ de televisión, para ser  modelos, actrices o cantantes, dejando a un lado lo más preciado que tienen: su infancia.

Y las niñas lo hacen para ser aceptadas por sus propios padres. Pero lo peor no está en estos casos, que pudieran ser pocos, sino en lo que se ha traducido a una escala mayor.

Lo dramático es que hacen de niñas y niños modelos a escala donde el ‘look’ es lo importante y el sexo también, pues tanto papás como mamás proyectan a los hijos al mundo de los adultos, de forma tal que son ellos mismos quienes les hacer notar si tal o cual niño o niña es guapo, se viste bien o lo quieren para novio.

Esto ha tenido tanta permeabilidad en la sociedad que la ropa para niñas y niños dejó en mucho de ser característica y ha pasado a ser un remedo de los atuendos adultos que, en la mayoría de los casos, hasta incluye el mismo modelo de lentes y cortes de pelo.

Los padres equivocadamente, dicen los sicólogos, creen que teniendo hijos ‘muy a la moda (adulta)’ se ganan el reconocimiento de los demás y no se dan cuenta que un desarrollo sano tiene barreras generacionales funcionales y eso  implica dejar de lado el narcisismo y aceptar  que un niño no es una versión mejorada de uno mismo, sino un ser humano, cuya actividad fundamental es el juego.

Así, el precio que pagan estos niños hipersexualizados cuando llegan a adolescentes es vivir pendientes de algo que para ellos no tiene significado (la moda), estar atados a la aprobación ajena y tener una pobre imagen de sí mismos como humanos pensantes y con valores. 

El precio es altísimo, ya que  hablamos de una identidad construida sobre lo más frágil: el juicio ajeno. 

Cecilia Rosillo

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