Sin amor... No hay sexo

Existen personas que necesitan una atracción que va mucho más allá de lo físico para involucrarse sexualmente con alguien
Cecilia Rosillo
01/07/2015 - 04:00
Saber qué somos dentro de la sexualidad humana se ha vuelto obsesivo, antes era sólo definir la preferencia sexual, pero ahora hay una necesidad de saber si, además, somos demisexuales.
 
Esto no es ningún tipo de condición física o clínica, es otra de las orientaciones sexuales, que como todas las demás no es una opción, sino una forma de ser. Se trata de personas que no desarrollan interés sexual con nadie con quien no tengan un fuerte vínculo emocional.
 
Tal pareciera que es el patrón común de una gran mayoría de las mujeres en el mundo, pero no. No se trata de tener sexo con quien amamos y ya, la demisexualidad está relacionada con los deseos sexuales que no se pueden controlar y no con la toma de decisiones racionales.
 
Por eso, cuando a la sexualidad de las personas se solía asignar sólo como homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad o asexualidad, se vio que en medio de todo está la demisexualidad que no implica no sentir placer sexual al momento del acto, sino que simplemente la persona no siente deseos por otra hasta que no se establece cierta conexión emocional profunda.  
 
El deseo sexual de una persona demisexual está en el nivel secundario, que es el emocional y no en el primario, que es el físico. 
 
Es decir, mientras el común de las personas establece primero un deseo por las personas a partir de la atracción sexual física (la llamada química) para dar el paso a conocerla, los demisexuales no tienen esta atracción,  sino que ésta se da hasta que el amor maneja las emociones y detona el deseo erótico.
 
Por ello, estas personas jamás establecen relaciones eróticas con conocidos a los que no amen; mucho menos con desconocidos, en ellos el sexo por sexo o simple placer es una sensación que no se puede dar. 
 
Un desconocido, incluso un conocido sin más, como tantos otros en la vida, nunca despertarán la atracción. 
 
A estas personas, sobre todo en la adolescencia, cuando las hormonas hacen actuar a los chavos más por deseo sexual que por racionalidad, les es complicado pasar desapercibidos, pues a pesar de que les es posible reconocer la belleza de una persona (del mismo sexo o del sexo ajeno) no tiene deseos por nadie que no ame primero.
 
Y es que no es fácil vivir en un mundo cuya publicidad y contenidos de entretenimiento juegan constantemente con la atracción física, con desconocidos que en menos de tres segundos pasan a ser un objeto de deseo y donde la intensidad y la capacidad de control dependen de cada uno. 
 
Para los demisexuales sólo se despierta la sexualidad  con el paso del tiempo y ciertas experiencias vitales con otra persona muy afín. En el caso de que se destruyan esos vínculos emocionales, la atracción sexual también se evapora.
 
En general, los demisexuales no se sienten sexualmente atraídos por un género u otro.  
 
El término demisexual proviene de una identidad que se encuentra “a medio camino” entre alosexual (que experimenta atracción sexual hacia otras personas) y asexual (que no siente atracción a otras personas de ningún sexo).
 

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