Hay de todo en la viña

Para que lo sepas, no todos los hombres gays son jotitas amaneradas, imitadores de Lady GaGa o Gloria Trevi, algunos son machos alfa, igual pueden ser de Tepito o de Las Lomas
Raúl Piña
25/11/2016 - 05:00

Dentro del abanico de la diversidad gay, existe el macho alfa. Sí, leyó usted bien, no todos los hombres gays son jotitas amaneradas imitadores de Lady GaGa o Gloria Trevi.  No todos son peluqueros o modistos. No todos son delicados y escandalosos al vestir.  No todos son artistas o críticos de arte.  No, no todos son iguales.  Hay un sector de la comunidad gay que se distingue del resto y esos son, los machos alfa.

Hombres gays que no parecen gays.  Hombres muy masculinos en el hablar, en su comportamiento y en sus  actitudes frente a la vida.

 

Son, quizá,   hasta rudos. Aunque también frecuentan los bares gays, no soportan las joterías ni a las jotitas escandalosas y las travestis les parecen divertidas, pero hacerse amigo de ellas, jamás.  

Generalmente están en estado contemplativo y sólo conversan con sus  "iguales". Otros machos alfa. Pueden ser de cualquier nivel social.  Desde el chavo muy machín de Neza o Tepito,  que son más bien tipo chacales, hasta los niños bien de Las Lomas o Tecamachalco.  Estos dos grupos nunca coincidirán socialmente, pero se distinguen entre ellos y del resto.

Les gusta echar la 'cascarita' con los cuates de la cuadra, son buenos para abrir chelas con los dientes, se agarran a madrazos si les ganan el lugar en el estacionamiento del súper y se rascan los huevos cuando juegan billar.

Los niños alfa de dinero escalan montañas, hacen 'rafting', lucha greco-romana ( mmm... cachondísima),  juegan golf en el club y acampan al aire libre,  mientras se meten mota o sustancias  más caras que eso.

El macho alfa gay viste muy varonil, no usa colores extravagantes y son  clásicos en sus atuendos. Los de bajo nivel social pueden ser desde  mecánicos, choferes de micro,   rateros de refacciones de coches.

Los de dinero son tipo ejecutivo, de finanzas y bolsa de valores.  Son de buen comer en lugares de moda y nunca faltan las viejas que se les van encima y se regresan con la cola entre las patas, porque el hombre perfecto que tanto les calentó la entrepierna, es puto.  ¡Pero no se le nota!

Entre ellos se hablan de wey, compa, culero, carnal, brother, hermano, cabrón,  etc.

Jamás escucharás que se digan mana, perra, amiguis, o esas joterías, que ni a solas repiten. Se hacen novios entre ellos.   Ser tan viril no les quita que se la coman igual que todos los demás que tanto desprecian.  Igual son como la Navidad, a veces dan regalos, a veces los reciben.

Sus conversaciones no incluyen hablar de las Kardashian o el final de la novela de tal canal. No  tienen ni puta idea de quién es la Miss Universo en turno y mucho menos quién chingados es Belinda.

Se saben todos los nombres de los seleccionados mexicanos de soccer, le van a los Broncos de  Denver y conocen todas las marcas de autos en la faz de la tierra.  

Por lo regular, prefieren —si es con su pareja, mejor—, ir a antros  bugas (heteros),  donde no hay tanta mariconería y no les quieran bajar al marido.  Se divierten más con los bugas y se van con ellos de 'after' y de fin a Cuerna o Acapulco.

Si no fuera porque les gusta la reata, serían los novios ideales de cualquier mujer. Pero no, también gozan que les persigan la tripa.

Hay unos que tienen una parte chistosa.  Los vaqueros, muchos de ellos, visten de jeans pegados, botas y sombrero vaquero.  Muchos de ellos entran en la descripción anterior de total masculinidad, pero otros, ya al calor de las copas, y con la música a todo volumen, de machos vaqueros pasan a  Ana Bárbaras.

Entre toda esta revoltura de los metrosexuales, intersexuales, pansexuales y de todo lo que sigue, ya se confunde uno y ya no se sabe  quién es quién. Eso sí, de que se la comen, se la comen.

 

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