Disfruta a las reinas de la noche

Aparecen vestidas con lentejuelas, maquillaje, apretadas de pecho y cintura, muy hábiles con la mente y con la boca; si tienes el privilegio de verlas, no dudes en aplaudirles
Raúl Piña
18/03/2016 - 05:00

Cae la noche y aparecen, llenas de vida y lentejuelas, de tacones muy altos y siempre de buenas.

Las travestis, las transformistas, las ‘Drag Queens’, las vestidas, las reinas de la noche.

Las hay gorditas, apretadas por la faja, las muy flacas que se rellenan de esponjas y de trucos, las muy bonitas que se ‘truquean’ y se parecen a Yuri, a Amanda Miguel, a Britney, a Mariah Carey, a Paquita y a la D´Alessio.

Les gritan de todo: perra, arrecha, mana, puta, puerca, sucia, bella, única, amiga, infame, reina, etc. Pero nos llevan a un momento único e inolvidable.

Las hay soberbias, insolentes, presumidas, guapas, feas, humildes, sencillas, tranquilas, rompebotellas, rompeparejas, rompemadres, rompetodo. Pero son ellas: las reinas de la noche.

Pocos conocen la transición, el apuro de comprar los zapatos del 11, el maquillaje que es carísimo, los vestidos que valen una fortuna y que muchas veces los confeccionan ellas mismas. Los atuendos exóticos y llamativos que pocos agradecen porque al ritmo de las botellas, de las chelas y del ruido, ni caso les hacen.

Sale la ‘Trevi’ y muchos aplauden porque se parece mucho, pero no saben que para llegar ahí pasaron muchos taxis que no la levantaron por ser puto, por vestida, porque piensan que todas son rateras o putas.

Sí las hay, pero no son todas. Hay unas que trabajan para gozar, para pasarla bien, y otras que no son tan afortunadas para pagar la renta, para mantener a su familia, al mayate, o de plano para meterse drogas o para acabar de pagar su casita del Infonavit.

Si tan sólo la gente supiera los trabajos que pasan para conseguir los aretes, los maquillajes, los menjurges que se acomodan entre bigotes y barbas cerradas, entre piernas con pelos y apretadas de pecho y de cintura, les aplaudirían más.

Son hábiles con la mente y con la boca. Mejor no meterse con ellas, porque siempre tienen la palabra perfecta, la perrez adecuada y el sarcasmo inmediato para poner a cualquiera en su lugar. Sea hombre o sea mujer. No hay discriminación. Nadie puede contra ellas.  

Entre ellas se apoyan, se respetan, toman su distancia, pero aunque tengan pedos, no se meten a fondo. A menos que una le baje al marido a otra. Ahí sí puede haber putazos. Valga la redundancia.

Son encantadoras y son lo que muchas mujeres —no todas— quisieran  ser.

“¿Cómo le haces para caminar en esos tacones?”. Pregunta obligada de las chavas que las ven bailar, cantar, caminar y seguir como si nada pasara.

Nicole, Tiffany, Melanie, Sasha, Maury, Carolina y Rocío, son algunos de esos nombres que ocultan muchas historias de dolor, de pasión, de amor y de mucho corazón.

En homenaje a mi amiga la ‘Vivix’, reina y señora de todas y cada una. Descansa en paz absoluta, elevación de belleza y amor de muchos.

Raúl Piña

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