Madres frías y sin amor

La relación con la progenitora (amorosa o crítica) define en la hija cómo serán sus relaciones de amistad y pareja en el futuro
Víctor Jiménez
07/08/2018 - 05:18

Tradicionalmente pensamos en una madre como una persona amorosa, apoyadora y generosa. Pero no siempre es así. Las hay frías, descuidadas, individualistas y críticas. Y son las hijas, más que los hijos, quienes sufren el frío, el abandono, el egoísmo y la descalificación de este tipo de madre.

En la infancia y la niñez, las hijas comprenden quiénes son a través de la mirada de su madre. Si esa mirada es amorosa y sensible, aprende que es amada y digna de recibir atención y ser escuchada. Esto le da seguridad en su desarrollo. Si la mirada de la madre es fría, distante, incongruente, crítica o cruel, aprende que el amor de mamá tiene condiciones, que no es valiosa ni merece ser escuchada. Esto la hace sentir insegura y temerosa de buscar su amor, pues no sabe cómo va a reaccionar la madre. Así, aprende que no se puede confiar en las relaciones, que el amor puede ir acompañado de abuso. El dolor es intenso, pues quien tendría que amarla de forma incondicional, no lo hace.

La relación con la madre (amorosa o crítica) define cómo serán sus relaciones de amistad y pareja en el futuro. Así se relacionan las hijas de madres distantes, egoístas y descalificadoras:

Auto-crítica despiadada.  Escuchan constantemente la voz crítica de la madre: “No eres suficientemente inteligente, bonita, amable, amorosa o valiosa”. Muchas de ellas se sienten impostoras cuando tienen éxito. Usan las mismas palabras de su madre para criticarse y descalificarse.

Falta de confianza en el otro. Desconfían del amigo o compañero amoroso:  “No me quiere por mí”. Están acostumbradas a “ganarse” el afecto de mamá. Necesitan que la pareja les asegure que pueden confiar en él, no creen que se les pueda amar “gratuitamente”. Esto las puede llevar a la obsesión y celos descontrolados. 

Dificultad para poner límites. Tienden a dar todo en una relación, poner las necesidades ajenas por encima de las propias, ponerse “de tapete” o hacer demasiado por el otro. Permiten a los demás traspasar los límites, terminan sintiéndose utilizadas o desilusionadas. Se entregan tanto que la otra persona se siente invadida y sale huyendo. Les cuesta llevar relaciones sanas.

Repetición de la relación madre-hija en sus relaciones. Buscan relaciones con personas que actúan de manera similar a ellas: temerosas del compromiso o completamente entregadas a la relación, traspasando los límites. Se relacionan con quienes las tratan como lo hacía la madre: indiferente y en ratos amable; terriblemente crítico y a la vez un tanto apoyador. 

Imagen distorsionada. Se enfocan en lo que “está mal” en ellas: apariencia corporal, errores, debilidades. Hacen caso omiso de sus cualidades, fortalezas y logros. Como en la niñez la madre sólo ponía énfasis en lo negativo, en la edad adulta ellas también lo hacen.

Evitación. Se portan temerosas y defensivas. Aparentemente quieren mantener una relación de pareja o amistad, pero al final les gana el temor y su tendencia a evitar la cercanía afectiva. Temen al compromiso y a las relaciones afectivas cercanas, se sienten muy vulnerables. Es díficil que puedan estar emocionalmente sanas.

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