¿Cuidas a un enfermo? Cuídate tú también

Los cuidadores de familiares enfermos tienen mayor probabilidad de sufrir de depresión, abuso del alcohol, tabaco y otras drogas
Víctor Jiménez
24/11/2015 - 03:00

Mi esposa tiene diabetes en etapa avanzada, pero yo soy el que está enfermo todo el tiempo, dice Raúl. “He cuidado a mi padre ya por nueve años. Ninguno de mis hermanos ayuda. Me siento muy enojada. Tengo un cansancio acumulado de años”, admite Elena. 

“Después de varios meses de atender a mi hermana, quien tiene cáncer, me siento ansiosa y deprimida, sin energía para continuar”, comenta Ma. Luisa. 

Así se sienten quienes cuidan a un familiar con una enfermedad crónica. Cuidar de otros puede ser gratificante, pues se le brinda al enfermo calidez y compañía. Pero también puede ser frustrante, cansado y desgastante. 

Por ejemplo, un cuidador que trabaja y a la vez atiende a su hijo adolescente tiene un mayor riesgo de sufrir hipertensión, cansancio crónico, ansiedad, depresión.

Quienes cuidan de un familiar enfermo saben muy bien  lo duro que es en ciertos momentos encontrar la energía para seguir dándole una buena atención, sin mostrarte cansado.

Los cuidadores no cuidan de sí mismos. Poner atención a las propias necesidades es esencial, algo que los cuidadores olvidan con facilidad. Asegurarse de tener suficiente descanso, comer bien y atender sus asuntos personales es básico para tener buen ánimo y energía, y ser más productivo. Hay varias formas en que los cuidadores pueden mantenerse sanos física y emocionalmente: con técnicas de relajación, mediante la oración, pasando momentos a solas, haciendo un poco de ejercicio (15 min. diarios son de gran ayuda). 

Para recargar baterías se puede tomar un baño caliente, hablar con un consejero espiritual, pasar momentos agradables con familiares o escuchar música relajante. Visitar amigos y compartir los sentimientos es una buena forma de encontrar liberación y descanso. Y los amigos están para eso, para escuchar y acompañar. Con descanso y mejor ánimo, el cuidador da al enfermo una mejor versión de sí mismo. 

El principal obstáculo: la culpa. Con frecuencia, los cuidadores se quejan de no tener tiempo para cuidar de sí mismos. Pero la realidad es que son más bien ciertas ideas las que les impiden darse el mismo cuidado y atención que dan al enfermo. Se sienten egoístas al ver por sus necesidades, cuando hay alguien que los necesita. Se sienten culpables por no estar todo el tiempo con su pariente. Se sienten 100% responsables de la salud del enfermo, sin tomar en cuenta a otros familiares, el personal de salud y al enfermo.

Se niegan a delegar, buscar o aceptar ayuda porque insisten en hacerlo todo ellos mismos, “porque así se hace en esta familia”. Se exigen, juzgan y critican con severidad. 

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