¿Eres alérgico a la incertidumbre?

La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar Mario Vargas Llosa, escritor
Víctor Jiménez
24/05/2016 - 05:00

La falta de certeza es parte inevitable de la vida. Ojalá pudiéramos ver el futuro y saber con seguridad qué va a pasar. Pero todos sabemos que esto es imposible. Por supuesto, nos gustaría tener más control sobre las cosas, pues la incertidumbre es incómoda, desagradable. La realidad es que vivimos en un mundo incierto.

¿Cómo enfrentamos la falta de certeza? Es común que cuando no tenemos la seguridad de algún resultado, demos por hecho que éste va a ser negativo. Por ejemplo, no tenemos la certidumbre de si vamos a reprobar un examen o no. Como no estamos seguros, concluimos: “El resultado será reprobatorio”. Y nos preocupamos. Pero la realidad es que simplemente no sabemos cuál será el resultado. Cuando no sabemos si el jefe va a aprobar nuestro trabajo, decidimos preocuparnos por ello. Si no tenemos la situación completamente bajo control, pensamos obsesivamente en el resultado negativo, como si con esta acción mental fuera a cambiar las cosas o nos diera control sobre ellas. Queremos certidumbre absoluta y en la mayoría de las situaciones que vivimos, es imposible tenerla. No existe la situación, persona, relación, ni vida perfectas.

Cuando lo incierto es insoportable.Crecemos pensando: “La incertidumbre es peligrosa e intolerable, algo de lo que hay que deshacerse de inmediato”. Así, nos convertimos en intolerantes a lo desconocido, a la duda.

Pensamos: “Debo estar cien por ciento seguro” o “No tolero desconocer qué va a pasar con mis hijos”.

Algunas personas, las más intolerantes, desarrollan una especie de alergia a ésta. Entonces, buscan desesperadamente tener el control total de lo que acontece en su vida. Reaccionan fuertemente ante algo que para muchos es inofensivo, la falta de certeza, igual que lo hace una persona alérgica a algún alimento. Hasta el más mínimo nivel de duda se vuelve insoportable.

La aceptación: un buen punto de partida. No importa cuánto esfuerzo hagas por tener todo bajo control, en diferentes grados la incertidumbre siempre estará presente. No estar seguros de lo que va a pasar es una limitación que debemos aceptar y con la que debemos aprender a vivir. Ahora bien, la inquietud de no saber qué pasará generalmente es transitoria. Tarde o temprano, surge una oportunidad o se nos ocurre una solución que restaura cierto nivel de certidumbre. Por lo menos por algún tiempo, hasta que vuelva a surgir la incertidumbre. 

Lo importante es aceptar que está bien vivir en la duda, en lo incierto, por un rato. Aceptar es darle la bienvenida a la sensación desagradable de no tener el control total, como cuando una persona irritante llega a tu fiesta, pero no puedes simplemente decirle que se vaya.

¿Qué haces en esta situación? Tienes la opción de echar a perder tu noche rumiando, quejándote o amargándote porque esa persona molesta, una invitada no deseada, llegó a alterar tu tranquilidad. O bien, asumes que va a estar allí y que tú tratarás de lidiar con ella, disfrutar de un rato agradable y pasarla lo mejor posible.

¿Para qué nos sirve aceptar cierto nivel de inseguridad?. Nos ayuda a preocuparnos menos; hacemos lo que está en nuestras manos, ponemos atención a lo que está bajo nuestro control y, asumiendo la incertidumbre natural, soltamos lo que no podemos controlar. Al preocupamos menos, disfrutamos más de la vida; se reducen nuestros niveles de ansiedad; nos queda más energía mental y física para utilizarla en algo verdaderamente productivo que nos llene de satisfacción.

En mi próxima columna encontrarás algunas ideas para hacerte más tolerante a la incertidumbre. ¡No te la pierdas!

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