Que nada te detenga, exprésate

Víctor Jiménez
22/09/2015 - 03:00

Le sucede al estudiante que no se atreve a hacer preguntas en clase o a dar su opinión, a la esposa que se abstiene de expresar su desacuerdo para no entrar en una discusión, al empleado que no defiende sus derechos. Todos ellos evitan expresar sus emociones, ideas y deseos. Al hacerlo, niegan una parte importante de sí mismos y debilitan su autoestima. 

Independientemente del resultado, comunicar nuestras preferencias, sentimientos y puntos de vista es gratificante y liberador. El mero hecho de expresarnos nos hace sentir bien con nosotros mismos, pues somos fieles a lo que sentimos y pensamos. Por el contrario, cuando nos aguantamos y callamos, negamos una fuerza interna que quiere reafirmarse. He aquí algunas de los justificaciones a las que recurrimos para quedarnos en silencio en diferentes situaciones de la vida diaria.  

“Pedir ayuda es vergonzoso”.Dejamos de expresar nuestras necesidades y nos perdemos de buenas oportunidades de apoyo externo porque nos da vergüenza pedir. A veces es necesario obtener apoyo externo. Asegurar que podemos arreglárnoslas completamente solos en el mundo puede incluso parecer arrogante. Todos necesitamos de todos, y está bien pedir ayuda. Aprender a pedir es tan importante como aprender a dar.  

 

“Expresar mi enojo es malo, puede ofender a los demás o provocar conflictos”. En efecto, es probable que mostrar tu molestia no les guste a los demás. Sin embargo, en muchas ocasiones es la única manera de comenzar un diálogo negociador conducente a un acuerdo. Si lo haces de manera correcta y tienes la apertura necesaria, te puedes evitar conflictos mayores derivados del resentimiento por callar tus molestias. De ninguna manera es malo hacer notar tu irritación y desagrado. Lo nocivo puede estar en la forma de expresarte.

 

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