Bájale al estrés

Víctor Jiménez
14/11/2017 - 05:00
 

Nos estresamos innecesariamente. Si tuviéramos claro qué cosas dependen de nosotros al 100%, cuáles dependen en cierta medida y sobre cuáles no tenemos ninguna influencia, nuestro nivel de estrés bajaría. Para ayudarnos a manejar las situaciones estresantes, nos conviene comprender estos tres aspectos (Covey, 2005). Identificar para cada tarea o proyecto qué puedo controlar, sobre qué tengo un poco de control y qué está completamente fuera de mis manos puede ser muy útil para evitar el estrés.

Control total. Hay acciones, tareas y cosas que dependen de mí, por lo tanto tengo bastante control sobre ellas. Que las cosas salgan como yo quiero depende, en cierta medida, de mi iniciativa y mis acciones. Por ejemplo, Si estoy atorado en medio del tráfico y debo llegar al trabajo a tiempo, no tengo ningún control sobre el flujo del tráfico, sobre la eficacia del transporte público  y mucho menos sobre el paso del tiempo.

Lo que sí puedo controlar es cómo respondo a esta situación. Dos de mis opciones son: desesperarme y angustiarme porque está claro que no voy a llegar temprano al trabajo, o avisar a mi jefe o supervisora que estoy atrasado y entonces mantener la calma. Estresarme ante el hecho inevitable de que voy a llegar tarde no va a obligar al tráfico a avanzar más rápido. Saber que hago lo que está en mis manos para evitar la mayor afectación posible me da calma. Si además de esta medida, suelto la tensión, pues ésta tampoco ayuda, tendré menos estrés. Pregúntate: ¿Cuáles son las cosas sobre las que tienes control total en tus actividades diarias?

Control parcial. También hay cuestiones sobre las que no ejerzo el control, pero sí tengo cierta influencia en el resultado. Puedo hacer algo para que las cosas salgan como yo quiero, aunque el resultado no depende enteramente de mí. Siguiendo el ejemplo anterior, es más probable que llegue temprano al trabajo si planeo mi tiempo y la ruta a seguir. Estas estrategias preventivas dependen por completo de mí, pero siempre hay la posibilidad de que surjan imprevistos. El resultado no está completamente en mis manos.

Lo mejor es planificar siempre tomando en cuenta que pueden surgir contratiempos como una falla en el metro, un bloqueo en una avenida o un accidente. Aceptar este hecho me permite concentrarme en resolver la situación en lugar de gastar mi energía en oponerme a la realidad. Si me “peleo” con las situaciones que me toman por sorpresa, el resultado es más estrés. Pregúntate: ¿Sobre qué aspectos tienes control parcial en el trabajo, el estudio o tu relación de pareja?

Ningún control. Existen situaciones sobre las que no tengo ningún control. Algunos ejemplos son: la lluvia, el cierre inesperado de una calle por obras o la interrupción del servicio del metro. Cuando surgen estos contratiempos, si lo único que hago es lamentarme, en lugar de tomar acciones dirigidas a solucionar el problema, me desgasto innecesariamente. Malgasto mi energía quejándome y enojándome por algo sobre lo que no tengo ningún control. Esta actitud es generadora de mucho estrés y me agota emocional y mentalmente.

Reconocer las cosas que no está en mis manos resolver, me permite “dejarlas ir” con mayor facilidad. Así, evito el estrés por tratar de modificar algo que sé no está en mis manos. Que las cosas no salgan como lo planeo puede ser una gran fuente de estrés. Pero si acepto que esos obstáculos salen de mi control, libero mi energía mental. Puedo pensar con claridad y tengo más calma para enfrentar a cada reto. Pregúntate: ¿Qué cosas salen de tu control en tus relaciones de amistad o amor?

 

 
 
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