Autosabotaje, el principal enemigo de la autoestima

Víctor Jiménez
14/04/2015 - 03:00

El autosabotaje consiste en hacer cosas contrarias a lo que en realidad deseas. Quieres mejorar la relación con tus hijos, pero terminas quedándote a trabajar tarde, así te pierdes de los eventos importantes como cumpleaños o festivales escolares. Quieres ser exitoso y feliz, y procurarte lo bueno de la vida, pero actúas en tu contra, como cuando tienes un examen importante y te las arreglas para llegar tarde y estresado. 

 

El autoboicot es el principal enemigo de la autoestima. Lucía debe entregar un trabajo, pero se distrae con detalles vanos y no logra acabar a tiempo. Su proceder evidencia la falta de aprecio por sí misma. Cada vez que hace algo que afecta su bienestar o avance, mina su autoestima. La persona autosaboteadora actúa como si ella misma fuera su peor enemiga, echando a perder oportunidades valiosas. Y tú, ¿a qué conductas recurres con mayor frecuencia? Palomea las que se aplican a ti. 

Autosabotaje

Deseo lograr el éxito en mis propósitos, pero no muestro disposición a hacer el esfuerzo necesario para lograrlo. 

Mediante mi comportamiento adictivo, postergador o negligente, frustro cualquier intento de alcanzar mis metas. 

Temo a lo nuevo, al cambio, al éxito. Me tenso por los nuevos retos a enfrentar si avanzo en el trabajo o la escuela. 

 No me siento merecedor de disfrutar de lo bueno de la vida. Por lo tanto, no actúo para conseguirlo.

Me cuesta lidiar con el fracaso. Temo fallar, entonces evito hacer lo necesario para mejorar mi vida. Mi temor me limita y paraliza. 

Me debato entre el deseo de tener logros y mis ideas limitantes, usualmente inconscientes: “Nunca lo lograré”. Recurro constantemente al pensamiento negativo, así frustro mis logros.

Habitualmente pospongo los compromisos y las entregas. Me justifico e invento excusas para evitar el esfuerzo.  

Pongo en riesgo lo importante: tranquilidad, relaciones, economía. Me enojo conmigo mismo porque “quiero pero no puedo”.  

 

Autoestima

Fácilmente acojo la idea de triunfo en mis proyectos, soy capaz de visualizarme y disfrutar con lo obtenido. 

 Planifico y hago lo necesario para cumplir con mis propósitos. 

Comprendo que el cambio y lo nuevo son inevitables, les doy la bienvenida y los utilizo a mi favor. 

Sé lo que deseo obtener, estoy convencido de poder hacerlo y lo merezco. Mi lema es: “quiero, puedo y merezco”. 

Estoy convencido de que la vida es riesgo, de que el que no arriesga, no gana. Prefiero morir en el intento que arrepentirme de no haber tratado. 

 Conozco bien a mi crítico interno y sé que éste tiene su origen en los mensajes que escuché en la infancia. Conocer al enemigo de mis logros me permite mantenerlo a raya. En cualquier situación, opto por ideas optimistas que me alientan a alcanzar mis metas.

Experimento satisfacción cuando concluyo un proyecto: estudios, una obra de arte, la fabricación de un mueble. 

Cuido lo que valoro: calidad de vida, un trabajo gratificante, tiempo con la familia. Sé lo que quiero y hago por conseguirlo. 

 

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