¿Te comes tus emociones?

Víctor Jiménez
12/01/2016 - 03:00

No siempre  comemos por hambre, a veces ingerimos comida para recompensarnos, distraernos o hacernos sentir mejor. 

Pero comer para canalizar nuestras emociones no resuelve ningún problema ni nos hace sentir mejor, al contrario, nos hace sentir peor que antes de comer en exceso. Lee las experiencias compartidas por estas cuatro personas que han utilizado la comida para huir de sus emociones y lo que están haciendo para dejar de comer por las razones equivocadas. ¿Te identificas con alguno de ellos? 

 

Rosa María: atracones y arrepentimiento. “¿Que cómo sé que utilizo la comida como escape emocional? Fácil, porque el hambre que experimento aparece de repente como una urgencia. Es entonces que como sin parar. No es como el hambre normal, que la vas sintiendo poco a poco. Además, cuando me dan esas ganas desesperadas de comer, no se me antoja cualquier tipo de comida, como cuando tienes hambre y cualquier cosa te satisface, hasta las verduras. No, en mi caso, muero por comer sólo cosas grasosas o dulces, por ejemplo, un pastel o una pizza. ¿Alguna vez has sentido esa hambre en la que no te gruñe el estómago o te sientes débil, sino que más bien viene de tu cabeza, como una obsesión difícil de dejar? Eso es lo que me sucede a mí. Y claro, después de un atracón, viene el arrepentimiento, la culpa y la vergüenza por no tener fuerza de voluntad. He tenido que aprender a controlar el impulso por comer. Sólo me digo a mí misma “espera un poco”. Al cabo de un rato, muchas veces se me van las ganas. Pero otras veces no y termino en un atracón. Sigo intentando dejar de comer por las razones equivocadas”. 

Roberto: hechizado por la comida. “¿Has visto cómo, cuando uno está frente a la tele o en el cine, come palomitas o dulces sin darse cuenta? Y de repente ya te terminaste toda una bolsa de papas fritas o una cubetita de helado. Pues así me pasa a mí, pero con cualquier tipo de comida. En realidad no disfruto del  sabor de los alimentos. Como de forma mecánica, dice mi mujer que cuando como, parezco hipnotizado. 

He notado que como de manera automática cuando hago otra cosa, además de comer, por ejemplo, si estoy platicando con alguien, viendo la tele, leyendo, revisando mi teléfono o computadora. Por eso, he decidido no hacer nada más que comer a la hora de la comida.  Así pondré toda mi atención a lo que estoy haciendo para dejar de comer como si estuviera  bajo hipnosis”.

Luis Gerardo: comerse las emociones.  “Yo como cuando me siento aburrido, triste, nervioso o estresado. La comida es una forma de ocupar mi boca, mi tiempo y mi mente. Y claro, también es una manera de distraerme de los sentimientos desagradables y de mi insatisfacción. ¿Que si me funciona? Sí, pero sólo por un momento. Más bien me distrae de las sensaciones desagradables, para no enfrentarlas. Incluso cuando estaba en la escuela, comía de más para ‘quitarme’ la angustia en el periodo de exámenes. Ya quiero dejar mi ‘hambre emocional’, como le llama la psicóloga. Me sugiere recurrir a otras actividades en lugar de comer para hacerme sentir mejor. Me parece una buena idea. La próxima vez que me sienta aburrido, ansioso, cansado o triste, voy a leer un libro, caminar un rato, tocar la guitarra o escribir cómo me siento”. 

Irene: apetitosos premios. “Mi problema con la comida es que la uso para premiarme por algo bueno que hice o por haber superado una dificultad. Esto que hago es justo lo que hacía mi mamá conmigo de niña: si me portaba bien, me daba dulces; si me sentía enferma o triste, me daba chocolate. Yo también lo hacía con mis hijos, pero estoy tratando de cambiar. Ahora recompenso su buen comportamiento con tiempo extra para jugar o diciéndoles lo orgullosa que estoy de ellos”.  

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