Cómo reconciliarte con mamá

Víctor Jiménez
10/05/2016 - 05:00

Nuestra primera relación en la vida es con nuestra madre: nuestro soporte vital y la persona más importante para cualquier niño. Aprendemos cómo relacionarnos a partir de la interacción y el vínculo con la madre. Muchos de nuestros patrones de conducta tienen su origen en la relación [email protected] 

Tener una buena relación con nuestra madre y estar en paz con ella tienen un profundo efecto en nuestras vidas y relaciones. Generalmente, quienes no tienen una buena relación con su madre, o la odian, también tienen malas relaciones con los demás. 

Una de las quejas más comunes acerca de la madre es la de no haber recibido algo de ella: atención, cuidado, apoyo, comprensión, respeto, generosidad, guía, aceptación; en una palabra, el amor como lo habríamos deseado tener. Y nos sentimos enojados por eso. En cierta manera tenemos razón, sobre todo si no obtuvimos el afecto y cuidado que necesitábamos. Y no nos lo dio porque las madres no son perfectas, tienen sus propios traumas y limitaciones. 

Acoge el enojo, pues es real. Muchos no se permiten estar enojados con la madre, porque religiosa y socialmente se nos ha prohibido. Sin embargo, el coraje es real, no lo podemos negar. La aceptación y expresión genuina del coraje por no haber recibido lo que tan importante era para uno es parte de la superación del rencor. Al alimentar el resentimiento, sin liberar el enojo, nos impide crecer y madurar. Al mantenernos en el resentimiento le estamos diciendo “no” a la vida. 

No es necesario hacer una confrontación con la madre y gritarle a la cara las carencias en tu crianza. Bien puedes hacer la expresión de tu enojo a través de una carta dirigida a ella, pero que quizás nunca sea entregada. Una vez escrita, la carta puede ser quemada, enterrada o hecha pedacitos. Esta acción es en sí misma un ritual de liberación del enojo. Para llegar a la reconciliación genuina es necesario expresar tu ira. Sólo cuando eres capaz de manifestar la indignación por el trato recibido, o por el amor faltante, puedes llegar a la armonía y el amor en la relación con tu madre. Al expresar el enojo reprimido por mucho tiempo, éste puede transformarse en simple dolor por la forma en que fuiste criado. Esta pena es mucho más manejable que la ira reprimida que envenena la relación con tu madre y otras personas. 

Del resentimiento a la aceptación y el amor. Algunos dicen: “La expresión de la ira sólo engendrará más enojo”, pero no es así, sobre todo si haces otras acciones sanadoras de la relación: el reconocimiento de lo que sí obtuviste de ella, la admisión de cómo contribuiste tú a afectar la relación, la aceptación de que algunas de tus expectativas eran poco realistas y la gratitud por haber recibido las cosas fundamentales de la vida. Pero sobre todo, la gratitud por haber recibido la vida. Con frecuencia nos olvidamos de haber recibido el mayor regalo posible: la existencia. Y el regalo de la vida es mucho más grande que cualquiera de las cosas faltantes en tu crianza. Nada puede ser más importante que la vida. Una vez que eres capaz de agradecer, viene una sensación de bienestar y armonía. 

Insisto, llegar a la gratitud y la reconciliación es sólo posible tras haber sacado de tu interior el resentimiento mediante la expresión honesta de tu ira. Entonces puedes expresar tu gratitud, recibir a tu madre en el corazón y sentirte completo. A partir de este momento, haber sido procreado cuenta más que cualquier acción posterior de tu madre. Al aceptar esto puedes decir estas hermosas palabras de Ingala Robl: “Mamá, lo que diste es suficiente; me diste la vida, ese gran regalo, y hago algo bueno en tu honor y tu memoria. Renuncio a exigir más”.  Sígueme en facebook.com/vjimenez67

 

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