Curso básico para padres: sobreprotección

La sobreprotección de los padres podría explicar por qué tantos adultos, de entre 22 y 35 años, aun viven en casa, no trabajan o no son capaces de tener una relación estable
Víctor Jiménez
10/03/2015 - 03:00

Algunos padres toman medidas extremas de precaución con sus hijos. Dice la psicóloga infantil y escritora Tanya Byron que el temor de los padres a exponer a sus hijos incluso a riesgos mínimos, los lleva a criarlos en una especie de cautiverio. Y no sólo los sobreprotegen en un ambiente “peligroso” como la zona de juegos en un parque, sino también hacen todo lo posible por evitar que enfrenten cualquier error o falla derivada de la libre experimentación.

Quizás estos padres sobreprotectores ven a sus hijos demasiado frágiles como para enfrentar los riesgos que la vida les presenta. Algunos han llegado a pedir a los profesores que no utilicen tinta roja para calificar sus tareas, pues las marcas y comentarios en rojo podrían ser demasiado agresivos para el menor. Otros han decidido nunca utilizar la palabra “no” al corregir o poner límites a los pequeños, esto por temor a dañar su autoestima.

Protección invalidante. Tomar riesgos moderados es parte del crecimiento. ¿Quién no recuerda haberse caído de la bicicleta o haberse roto un brazo al caer de un árbol? Si los padres les quitan la oportunidad de arriesgar, perder o equivocarse, los niños crecen en una burbuja protectora, pero limitante. Las nuevas experiencias enseñan mucho acerca de la vida. Esta burbuja les impide aprender a hacer frente a situaciones futuras.

Si se le aisla de cualquier tipo de germen, bacteria o virus, el niño no desarrolla las defensas necesarias contra el elemento patógeno. Lo mismo ocurre cuando los padres sobreprotegen a los niños, éstos últimos no desarrollan las habilidades necesarias contra el dolor y la adversidad. Se convierten en seres demasiado frágiles.

Si un bebé no se cae cuando está aprendiendo a caminar, nunca aprenderá a levantarse y seguir intentando. Si una niña no prueba la goma de mascar, nunca estará en riesgo de tragarla y ahogarse, pero tampoco descubrirá el placer del dulce en su boca o el gozo de hacer bombas con la goma de mascar.

La vida es riesgo. Si a un niño no se le permite jugar al aire libre, con el riesgo implícito de que se raspe las rodillas o se rompa un hueso, es muy frecuente que, de adulto, padezca de fobias. Las fobias son temores irracionales y limitantes. Los niños necesitan caerse unas cuantas veces para aprender que no es algo terrible e impedir que se instale el temor irracional a caer.

Conforme los niños y adolescentes maduran, los riesgos y los logros derivados de éstos les sirven para construir la confianza en sí mismos. Un adolescente necesita romper con su novio o novia para apreciar la madurez emocional que las relaciones duraderas requieren. El dolor es un maestro natural, nos ayuda a madurar.

Cómo ayudar a los hijos a enfrentar riesgos. De acuerdo con Tim Elmore, orientador de padres sobre la crianza de los hijos, esto es lo que se puede hacer para enseñarles a no temer riesgos:1.

1.-Revisar la propia aversión a lo nuevo, diferente y que represente un riesgo.

2. Permitir a nuestros hijos tomar riesgos moderados de acuerdo con su edad y alentar a los que son más tímidos a aventurarse un poco.

3. Enseñarles cómo lidiar con los errores cuando fallen en algo. Resaltar el gran valor educativo de los errores.

4. Compartir con ellos los propios fracasos y la forma de superarlos.

5. Extraer lecciones de los fracasos y errores.

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