¿Dificultad para controlar la ira o trastorno mental?

Revelan que uno de cada 12 adolescentes podría estar sufriendo el Trastorno Explosivo Intermitente
Víctor Jiménez
07/10/2014 - 18:00

A los 16 años, Roger rompió 32 parabrisas con un bat. A los veintitantos, en el autoservicio, tras recibir una hamburguesa con mayonesa, cuando él la había pedido sin aderezo, arrancó vociferando, aventándole la hamburguesa en la cara al despachador. Entre veinte y treinta años, agredió física y mentalmente a las tres esposas que tuvo en ese lapso. En uno de sus ataques de ira, llegó a sostener del cuello a su mujer y levantarla del piso. Todo esto ocurrió antes de que, a los 34 años, lo diagnosticaran con Trastorno Explosivo Intermitente.

Ira desmedida e incontrolable
Esta perturbación se caracteriza por la incapacidad de controlar los impulsos, quien lo padece no tiene control sobre su rabia. El afectado reacciona de manera desproporcionada en relación con las circunstancias que enfrenta. Los episodios duran menos de 30 minutos, tiempo suficiente para recurrir a agresiones verbales y físicas, destruir muebles y objetos, provocar y provocarse heridas. Una vez terminado el episodio de violencia, el iracundo suele sentirse liberado, aunque también auténticamente culpable, arrepentido, avergonzado, deprimido y fatigado.

Hombres y adolescentes masculinos en riesgo
El padecimiento comienza en la adolescencia. Es mucho más común entre los hombres. Y si tienen una historia de abuso de sustancias, el riesgo es mayor. En ocasiones la alteración lleva a otros desórdenes como depresión, ansiedad y consumo de drogas. Por ejemplo, Roger, el protagonista de la historia anterior, utilizó mariguana para calmar sus impulsos y su ira. Su personalidad adictiva lo llevó al consumo excesivo de cocaína.

¿Qué lo provoca?
La genética juega un papel importante en el desarrollo de este trastorno. Los antecedentes familiares de adicciones y alteraciones del estado de ánimo predisponen su aparición. Un factor común en las personas con este desorden es el comportamiento explosivo y el abuso físico y verbal en sus familias de origen. En el entorno familiar, los hijos imitan las reacciones emocionales de los padres. La química del cerebro está afectada en quienes sufren este padecimiento, en especial las alteraciones de neurotransmisores como la serotonina y la alta producción de testosterona, principal hormona sexual masculina.

¿Cómo se supera?
El tratamiento prescrito es una combinación de fármacos y psicoterapia. Los medicamentos que se prescriben pueden ser anti-depresivos, anti-convulsivos, ansiolíticos y estabilizadores del estado de ánimo.

La terapia cognitivo-conductual ha resultado muy eficaz en el tratamiento de este desorden mental. Además del trabajo que se hace sobre el control de impulsos y accesos de ira, en la terapia se revisan técnicas de reducción de estrés, de afrontamiento y de relajación, y se identifican las situaciones desencadenantes de la respuesta agresiva.

Pensar diferente acerca de las situaciones que se enfrentan forma parte del tratamiento. Después de todo, se tienen que desaprender los comportamientos automáticos negativos y se debe aprender a tolerar la frustración. Para lograrlo, se hace una revisión de ideas, creencias y estilo de pensamiento. Finalmente, se prepara al paciente para prevenir las recaídas y afrontarlas. El diagnóstico oportuno (a menudo se puede confundir con el Trastorno Bipolar) puede ahorrar mucho sufrimiento a 

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