El perfeccionismo aniquila tu autoestima

“La sociedad actual ha caído en un ‘perfeccionismo psicológico y emocional’ que hace que la gente sufra mucho más”, afirma el escritor Walter Riso.
Víctor Jiménez
05/04/2016 - 05:00

El perfeccionista no es capaz de ser feliz hasta que todo quede perfecto. Muchos ven al perfeccionismo como un gran valor, algo deseable.

Puede ser difícil considerarlo un problema que afecta la idea que tienes de ti mismo. Sin embargo, el perfeccionismo es con frecuencia sólo un espejismo, algo imposible de lograr que daña tu autoestima. 

Con facilidad se confunde aspirar a hacer las cosas muy bien con esperar que sean  perfectas. Está bien tener grandes aspiraciones y querer hacer el trabajo lo mejor posible. 

La mayoría de las cosas se pueden mejorar, son perfectibles, pero lograr la perfección es una terrible exigencia y la receta perfecta para la insatisfacción constante. La frustración derivada de la búsqueda de perfección daña tu autoestima y contribuye a que sufras de depresión y ansiedad. 

Los daños del perfeccionismo. Exigirte perfección en el trabajo destruye tu autoestima. Creer que no eres lo suficientemente bueno si no eres perfecto en esta área de la vida te hace sentir poco valioso como persona. Esperar demasiado de ti y exigirte un perfecto desempeño en tus labores y logros que, en este momento, están más allá de tus capacidades puede llevarte a la depresión

Eleva tus expectativas hasta el tope, hasta el punto en que difícilmente las vas a  alcanzar, y encontrarás infelicidad y desilusión. Así, comienzas a pensar  negativamente: “No sirvo para nada” o “Si mi trabajo no es perfecto, yo tampoco lo soy, no valgo como persona”. 

Estos pensamientos, además de ser falsos, dañan el concepto de ti mismo, son exagerados y te impiden verte de forma realista. 

Quien tiene una tendencia al perfeccionismo en el trabajo es más propenso a postergar. Casi nunca está convencido de que el trabajo está listo para ser entregado. 

Cambia cosas constantemente, revisa “con lupa” cada detalle e invierte una gran cantidad de tiempo y energía. Y aunque al final sí entrega, nunca está totalmente satisfecho con el resultado.

Al postergar las entregas, el perfeccionista también pospone el sentido de logro por haber terminado el trabajo. La sensación de logro constante nos hace sentir bien con nosotros mismos. 

Además, contribuye a la autoestima reforzando la idea de que somos capaces de avanzar en nuestras actividades productivas. Al no tener este sentido de logro, dañamos nuestra autoestima: nos sentimos incapaces y frustrados. 

Acepta tu imperfección. Nadie es perfecto. Aspirar a la perfección y rechazarte por ser imperfecto trae mucho dolor y aniquila el amor por ti mismo. Una autoestima sana implica aceptar quién eres, qué eres capaz de hacer, tus fortalezas y debilidades.

Acéptalo: Está bien ser imperfecto, es parte de ser humano. No todas las cosas siempre te saldrán a la perfección. Esto no significa ser conformista, sólo se trata de ser realista

Permítete cometer errores, aprende de ellos y sigue adelante. No es el fin del mundo si entregas un trabajo que no consideras impecable. Convierte “muy bueno” en un estándar aceptable.

Recuerda,  tu valor como persona no depende del producto de tu trabajo. Tú eres mucho más que lo que haces. Trátate con mayor comprensión. Evita criticarte y ofenderte si el resultado de tu trabajo no es completamente satisfactorio. Aprende y sigue adelante. Sígueme en facebook.com/vjimenez67

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