Cómo deshacerte del martirio de la culpa

Víctor Jiménez
04/11/2014 - 03:00

De entre las múltiples reacciones emocionales ante la muerte de una persona querida, la culpa es la más fuerte y dañina. Con la muerte de alguien cercano, tendemos a repasar conversaciones, sucesos, pero sobre todo nuestras acciones. Hacemos un examen a conciencia del papel que jugamos en la enfermedad, el accidente o la parte final de su vida.

Por ilógico que esto sea, nos asumimos responsables de participar, de una forma u otra, en su muerte: no fuimos amables, no le dimos el apoyo necesario, deberíamos haber tenido ciertas actitudes, le alejamos cuando necesitaba alguien con quien hablar. Con facilidad encontramos razones para sentirnos culpables: nuestras fallas en la relación, lo que dejamos de hacer y decir, las ofensas y los errores cometidos, las malas decisiones. Podemos incluso llegar a pensar, de forma irracional, que somos culpables de su muerte.

Es casi imposible no sentirse culpable ante la muerte de un ser querido. Sin importar cómo haya muerto o las razones de su muerte, nos torturamos al repasar una y otra vez nuestro comportamiento y encontrar razones para sentirnos mal. Los amigos y parientes pueden tratar de convencernos de que no hay razón para entregarnos a la tortura mental y emocional, pero no dejamos de castigarnos y maltratarnos por medio de la culpa.

¿Qué podemos hacer para deshacernos del tormento de la culpabilidad y las auto-acusaciones? Casi todas nuestras faltas se pueden reparar por medio de una disculpa, y Carol Staudacher, especialista en pérdidas y duelos, nos dice cómo llevarla a cabo. Por medio de la visualización o imaginación guiada, un recurso de la Terapia Gestalt, es posible ofrecer una disculpa, aun cuando, obviamente, la persona ya no está presente:

1. Visualiza a la persona frente a ti o usa una fotografía para “hablar” con ella.

2. Habla desde el corazón y especifica las razones por las que te sientes culpable: lo que dejaste de hacer o decir, lo que hiciste pero no debías haber hecho, lo que faltó en la relación. Explica tus razones para actuar de tal manera, seguramente no fue con la intención de hacer daño.

3. Comenta cómo te sientes ahora y cómo harías las cosas si tuvieras la oportunidad de cambiarlas. Pide una disculpa.

4. Usando tu imaginación, “escucha” con atención la respuesta de la persona fallecida a lo que acabas de expresar. Cerrar los ojos puede facilitar este paso. Si te perdona, siente el perdón en todo tu ser para que también logres perdonarte a ti mismo. Si no estás seguro de obtener su perdón, escribe lo que te gustaría escuchar y por qué quisieras oírlo.

5. Agradece su disposición a escucharte y asegúrale que, en adelante, en tus relaciones pondrás atención a esos aspectos en los que “fallaste” con él/ella.

6. De ser necesario, repite todo este proceso varias veces. Tómate el tiempo suficiente para describir tu remordimiento. Hazlo en un lugar privado para dejar fluir tus sentimientos. Piensa también en las formas en que contribuiste de manera positiva a la relación.

Si después de hacer este ejercicio, aun te sientes culpable, proponte una fecha límite para dejar el remordimiento. Date una tregua. Después de todo, ya reviviste una y otra vez las razones por las que te sentías culpable. Ya fue suficiente aflicción y castigo por tus acciones.

Es hora de perdonarte: trátate con la misma compasión y comprensión con que tratarías a un amigo querido en tu situación. A partir de esa fecha –el aniversario de su muerte, el Año Nuevo, tu cumpleaños o cualquier otra que sea importante para ti– renuncia a seguir castigándote. En cuanto te hayas liberado de la culpa, sentirás surgir la libertad y paz que tanto necesitas. 

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