Contra la violencia, siempre

Estar al tanto de nuestros hijos y cómo se sienten es vital para prevenir situaciones de riesgo
Redacción
22/01/2017 - 10:55

Por Irma Gallo

Hoy, papás y mamás, me cuesta escribir esta columna. Por primera vez no quisiera tener que hacerlo, pero al mismo tiempo me doy cuenta de que es cada vez más urgente, y que es necesario repetirlo mil, un millón de veces: urge educar a nuestros hijos en la no violencia.

Pero también es urgente atender los síntomas de la depresión. Sí, los niños también se deprimen. Y las consecuencias pueden ser desastrosas.

Por si alguno de ustedes todavía no se ha dado cuenta de qué estoy hablando, les explico (y seguramente se acordarán de inmediato): el miércoles 18 de enero, un adolescente de 15 años, cuyo nombre no escribiré aquí porque ya bastante han sufrido sus padres, disparó contra su maestra y tres compañeros en un colegio de la ciudad de Monterrey.

A lo largo del día surgieron distintas versiones sobre el hecho, pero una llamó más mi atención: el niño presentaba un cuadro de depresión, aunque, según se supo, sí estaba bajo tratamiento.

Obviamente no sé quién sería su psicólogo (o psiquiatra), qué tratamiento le estaría dando, ni mucho menos durante cuánto tiempo. Pero algo que sí sé es lo siguiente (y es esto lo que me gustaría subrayar):

Ponles atención

Para algunos padres es muy difícil aceptar que su hijo(a) padece depresión. Esto se debe a que se le suele identificar con debilidad o falta de carácter, y en el peor de los casos con enfermedad mental. Pero nada de esto es cierto: si bien se trata de un padecimiento, no quiere decir que quien la sufra esté “loco” (sicótico, sería la palabra correcta), ni mucho menos. Es sólo eso: un desajuste de las sustancias químicas del cerebro que necesita ser atendido de manera profesional y expedita. Al contrario de la creencia popular, no es lo mismo que “estar triste” o “melancólico”.

Repito: no conozco a fondo las circunstancias del padecimiento de este jovencito, pero sí creo que si hubiera sido atendido con la seriedad que requieren casos como éste (primero, por sus padres y luego por un especialista), tal vez no habría ocurrido esta tragedia.

Debo insistir con el tema de educar en la no violencia. ¿Dónde (y cuántas veces) este chico vio que los conflictos se solucionan a balazos? Y conste que no quiero caer en la fácil satanización de los contenidos de televisión, cine, revistas e internet a los que los niños y adolescentes tienen acceso (muy fácil) en estos tiempos. Creo que sí es responsabilidad de los medios, y de quienes trabajamos en ellos, las cosas que presentamos, pero también, y sobre todo, es de los padres, que no estamos atentos a lo que ven nuestros hijos y mucho menos los acompañamos para explicarles que el mundo no debería ser así, que la vida humana es valiosísima, mucho más que el dinero y cualquier otro bien material y que cualquier problema se soluciona por medio del diálogo, nunca de la violencia.

Y una vez más, mamás y papás, sin conocer las circunstancias exactas de la vida de este chico en particular, tengo que insistir: quien vive en un ambiente violento casi siempre termina por reproducir estas conductas. Un niño que ve o incluso escucha a sus padres gritarse y hasta golpearse, o que él mismo recibe gritos, insultos y golpes como “medida correctiva” es muy probable que repita estas acciones y quizá cometa actos más graves.

No dejemos que cosas así vuelvan a ocurrir.

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