Un año sin culpables

Según los peritajes de la Fiscalía, cuando la joven ya había sido asesinada siguieron utilizando su teléfono celular
Tanya Guerrero
10/07/2018 - 05:18

Tres horas después de su muerte se hizo una última llamada desde su teléfono celular. De hecho, según el certificado de defunción, Yeimi Rosales Romero, de 27 años, murió mientras aparecía como conectada en Facebook. 

“Falleció el sábado 7 de julio del año pasado a las 3:00 de la mañana, y todavía hicieron llamadas desde su teléfono cuando ya estaba muerta”, dice Mayra, una de las cuatro hermanas de la joven asesinada. 

La última vez que la vio con vida fue la tarde del jueves 5 de julio, cuando Yeimi encargó a su hija de 8 años con su mamá para ir a su casa, en Toluca, a lavar ropa y retocarse el cabello.

Lluvia de mensajes. No se sabe si la chica llegó a su destino. A las 6:00 de la tarde del jueves, preocupada por no saber nada de ella, su hermana le llamó. Yeimi con voz cortante contestó: “Dile a mi mamá que estoy ocupada y que estoy en el centro”,  después colgó. 

Fue hasta las 5:00 de la tarde del viernes que del teléfono de Yeimi comenzaron a mandar una serie de mensajes que hicieron sospechar a la familia del peligro en el que estaba la chica.

El primero decía: “Dile a mi mamá que estoy bien, que estoy con unas amigas en Valle de Bravo”. Una hora después, llegó un segundo: “Dile a mi mamá que llego a las once de la noche”. Pero Yeimi no tenía amigas en Valle de Bravo y cuando la mamá de la joven marcaba, el número entraba directo buzón.

Cerca de las 11:00 de la noche, llegaron más mensajes: “ya voy”, “ya casi llego”, “ya estoy llegando”. Pero Yeimi nunca llegó. 

Al contrario, siguieron enviando mensajes hasta las 3:00 de la mañana, hora en la que  los peritos certificarían su muerte al analizar su cuerpo.

Nunca se desconectó. “Siempre estuvo conectada a Facebook, desde el momento en que se desapareció hasta como las seis de la mañana del sábado y eso era raro porque le hablabas y no contestaba”, dice Mayra, quien a las 9:00 de la mañana de ese mismo día inició la denuncia por desaparición en el Centro de Justicia para la Mujer, en Toluca de Lerdo.

Antes de hacer la denuncia, la servidora pública que la atendió le  dio una letanía de excusas: “a lo mejor se fue con un novio”, “igual se fue con un amante y sus amigas” y  recomendó que lo dejara porque “así les pasa a varias”.

Pero a la misma hora en que su familia la reportaba como desaparecida, un vecino de la zona conocida como La Puerta, a la orilla de la carretera Toluca-Sultepec, encontraba el cuerpo sin vida de Yeimi. Estaba boca abajo, vestía igual que como salió de casa: una blusa a cuadros, pantalón de mezclilla azul, pero descalza; además tenía golpes en el rostro y la habían estrangulado.

Si abusaron de ella o no, es algo que la familia hasta hoy desconoce porque según la Fiscalía  “no les corresponde saber esos datos”. Pero lo que sí les correspondió fue ver cómo el esposo de Yeimi: Martín Ventura Rivera, un militar 11 años mayor que ella, desprestigió la reputación de su esposa durante las investigaciones, que hasta hoy no han seguido una línea clara para dar con  responsable del feminicido. 

En el caso de Yeime existía un precedente: la  violencia que sufría a manos de su esposo;  agresiones que iban desde los golpes hasta el chantaje emocional y los celos. 

Por esa chica que amaba la zumba y anhelaba ser maestra de Educación Física, hoy su familia clama justicia.

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