Ladrón con placa falsa

La ambición de Fernando se combinó con su imaginación para extorsionar a la que fue su novia
Arturo Ortiz Mayén
30/04/2015 - 05:00
Cuando lo  contrató como veterinario para su negocio, Elizabeth no pensó que Fernando  Pacheco, con quien a la postre mantuvo una relación sentimental, terminaría por estafarla haciéndose pasar por un agente encubierto del FBI.
Médico veterinario de profesión y ambicioso hasta la médula, Fernando  se dio cuenta desde que entró a trabajar con la mujer que ella podría significar la salida a sus problemas económicos. 
 
Primero la enamo ró y se acercó a su familia, pero al darse cuenta que su plan para adueñarse del dinero le tomaría mucho tiempo, aprovechó un problema legal de un cuñado de la mujer para acelerar su estafa.
 
 
A su favor jugó su ociosidad, pues mientras navegaba por internet en su casa en la colonia Santa Úrsula Coapa, en Coyoacán, Fernando se encontró con una página en la que aparecía una credencial del Buró Federal de Investigación (FBI) de EU.
 
El documento le llamó la atención y casi sin pensarlo copió algunas imágenes de la credencial para modificarlas, agregándole sus datos y fotografía. No creyó que las copias le quedarían tan bien, pues a simple vista parecía un documento oficial.
 
Con la credencial en la mano a nombre de Fernando Irizarry, agente especial del FBI, se dispuso a concretar su estafa.
lanzó el anzuelo. Días después de que Elizabeth le comentó del problema legal de su cuñado por evasión de impuestos, Fernando lanzó el anzuelo.
 
Le confesó que era agente encubierto del FBI, que trabajaba como espía para la embajada norteamericana en México y tras mostrar sus credenciales aseguró que él podía solucionar el problema debido a sus múltiples contactos.
 
La mujer le creyó. Fernando entonces fingió realizar llamadas, contactar funcionarios y horas después le dijo que podría librar a su familiar de ir a la cárcel si le entregaban 3 millones de pesos, dinero que él repartiría a otras personas. Creyendo en su palabra, la víctima le dio esa cantidad en varios pagos, pero no resolvió nada. 
 
Después de esa extorsión, Fernando Pacheco dejó su trabajo como veterinario con la mujer poniendo como pretexto sus múltiples tareas como agente especial. Por eso mismo, según él, se alejó de ella.
 
Quería más dinero.  Meses después, Fernando, quien ya manejaba una camioneta Suzuki Grand Vitara y portaba una pistola Pietro Bereta calibre 9 milímetros, que tenía en un costado un código de barras con las siglas del FBI, contactó de nueva cuenta a la mujer.
Esta vez el pretexto fue una nueva denuncia contra ella, su papá y su cuñado, por lo que  se ofreció a ayudarlos a cambio de 600 mil pesos.
El papá de la mujer dijo que no le daría nada, pues no había cometido ningún delito ni tenía problemas con nadie. La respuesta enfureció a Fernando, quien fue a casa del señor y lo amenazó con una pistola.
Le exigió el dinero, pues —dijo— él ya había arreglado el problema y tenían que pagarle lo que había entregado para que no les hicieran nada.
Fueron semanas de hostigamiento hasta que la víctima denunció la extorsión. Los agentes de la Fiscalía Antisecuestros le pidieron que aceptara reunirse con él. El encuentro ocurrió en un café de la colonia Letrán Valle, donde recibió 200 mil pesos en una mochila.
Antes de irse con su nuevo botín, el falso agente del FBI fue detenido por policías, quienes le encontraron, además del arma, las credenciales de la agencia estadunidense y un permiso para portar arma, que también resultó ser falso.
 
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