Vive para contarlo

Es José víctima de secuestro, su madre paga el rescate, lo liberan, denuncia y capturan a los plagiarios
Arturo Ortiz Mayén
23/06/2016 - 05:00

 La pesadilla de José Guillermo terminó cuando lo sacaron de la cajuela de un auto, le quitaron la venda que traía en los ojos y le pusieron  200 pesos en la mano.

“¡Órale, a chingar a su madre!”, le dijo aquel hombre mientras se carcajeaba. Deslumbrado, José tardó algunos segundos antes de darse cuenta de que estaba en la zona de corporativos de Santa Fe. Aún con miedo por lo que había vivido en las últimas horas, caminó hasta que encontró un taxi.

Al chofer de ese vehículo le contó que lo habían secuestrado y lo acababan de liberar. El conductor le prestó su celular para que llamara a su madre.

“Estoy bien mamá, ya voy para la casa”, alcanzó a expresar  José Guillermo antes de que se le quebrara la voz.

—¿Cuánto les diste? —preguntó.

—Mi coche, no tenía más  —respondió ella refiriéndose a su auto, un Fiat 500 color rojo.

LA LIBRÓ LA NOVIA. La noche del 5 de mayo pasado, aproximadamente a las 23:30 horas,  José Guillermo salió de su casa en la colonia San Pedro de los Pinos, en la Delegación Benito Juárez, acompañado de su novia Brenda.

Abordaron el auto de él, un Golf color gris metálico, y antes de arrancar continuaron platicando en los asientos delanteros del vehículo.

No pasó más de un minuto cuando dos hombres, uno de cada lado del auto, los amenazaron con pistolas. “¡Pásense para atrás, rápido!

La pareja obedeció. Abrazados se dieron cuenta de cómo uno de los intrusos tomaba el control del auto y avanzaban hacia avenida Patriotismo. El otro se colocó junto a ellos amagándolos con el arma.

“Ya los tenemos”, presumió  por teléfono el que conducía. Fue lo que entendieron los jóvenes, pues el resto de la charla transcurrió con claves policiacas como “Z1” o “R1”, según quedó asentado en la averiguación previa FAS/T3/495/16-05.

Circularon unos 20 minutos sin percatarse de qué rumbo tomaron. El que iba junto a ellos les quitó sus pertenencias mientras se refería al que conducía como “Comandante”.

Posteriormente se detuvieron y le ordenaron a Brenda que bajara del vehículo y se quedara sentada en la banqueta. Ahí la dejaron.

José Guillermo fue obligado a recostarse. Varias calles después se detuvieron y lo pasaron a otro automóvil, el cual alcanzó a ver que era rojo. Junto a él, en los asientos traseros, se subieron dos hombres más que comenzaron a golpearlo.

Mamá paga el rescate. Entre los insultos y los golpes, José Guillermo agradeció cuando por fin se detuvieron e ingresaron a una casa. Antes de que le cubrieran la cabeza con una chamarra observó que la vivienda tenía paredes blancas.

Lo sentaron en un sillón y le dijeron que para soltarlo querían 500 mil pesos en efectivo. Uno de los captores le dio un celular y le ordenó que se comunicara con alguno de sus familiares. José le marcó a su madre y le explicó lo qué exigían. Ella les dijo a los plagiarios que no tenía esa suma. Los captores le advirtieron que querían salir de “esto” rápido: 150 mil pesos ya, sin comunicarse con la Policía para que su hijo regresara.

José ya no supo qué más pasó. Por la fuerza lo llevaron a otra habitación donde le vendaron los ojos, lo ataron de pies y manos y lo dejaron tirado sobre un colchón.

Así estuvo toda la madrugada del 6 de mayo. Al amanecer, supuso, uno de los captores entró y le dijo: “Ya te vas”.

Lo subieron a la cajuela de un auto y después de circular por unos 20 minutos lo bajaron y le dejaron 200 pesos para un taxi.

Una vez con su madre, ambos reportaron ante la Procuraduría capitalina el secuestro. Las placas del vehículo se reportaron como robadas.

El 21 de mayo pasado, el Fiat fue detectado por uno de los arcos de seguridad en Avenida Constituyentes. A bordo iban Alejandro Daniel Mancilla Campuzano y Alejandra Ramírez Colín, quienes revelaron la identidad de sus cómplices.

En los días siguientes fueron detenidos Daniel Espinoza Díaz, considerado el líder de la banda; Alejandro Ortega Villarreal o Alejandro Ortega Villagra, quien cuidaba y alimentaba a los plagiados y Juan Carlos Miranda Reza, quien también apoyaba en la intercepción de las personas.

Las autoridades relacionaron a esta banda con al menos ocho secuestros, con 16 víctimas. Los cinco presuntos delincuentes ya están formalmente presos.

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