Madrugaba a sus víctimas

Joel Ernesto se ocultaba en estrechos andadores donde atacaba a mujeres con el fin de abusar de ellas
Arturo Ortiz Mayén
18/03/2015 - 22:21
El agresor  sexual en que se convirtió Joel Ernesto Rodríguez Zúñiga comenzó a fraguarse a los cinco años de su vida,  cuando su padre lo abandonó. A los ocho entró a la primaria y desde ese momento sufrió la agresión y burla de sus compañeros.
 
Con dificultades terminó de cursar la primaria y a los 14 años cruzó ilegalmente la frontera para ir a trabajar a Estados Unidos, donde vivió poco más de tres años.
 
A su regreso a la colonia San Francisco Culhuacán, en la delegación Coyoacán, comenzó a delinquir. Cometió robos a transeúnte con violencia hasta que lo capturaron y enviaron al Reclusorio Sur, donde estuvo preso hasta el 2010. Durante los siguientes cuatro años las autoridades no supieron de él.
 
 A mediados de 2014 la Procuraduría capitalina recibió dos denuncias de violaciones en las colonias  San Francisco Culhuacán y CTM Culhuacán. El primer caso ocurrió el 6 de junio y el segundo el 14 de agosto.
 
Los ataques eran muy parecidos: ocurrieron entre las seis y las ocho de la mañana, las víctimas eran jóvenes que salían muy temprano a la escuela o al trabajo y el atacante, al que señalaban como muy violento,  usaba los andadores y pasillos de las unidades habitacionales para ocultarse. 
 
Con base en los testimonios de las víctimas, los peritos elaboraron un retrato hablado y comenzó su búsqueda.
El 8 de septiembre de 2014 volvió a actuar y el 23 del mismo mes lo hizo por última ocasión. 
 
Esa última víctima contó que al salir a su trabajo y caminar por un andador su agresor, quien llevaba sudadera con capucha, la tomó por la espalda y le aplicó la llave china para someterla.  Después de amenazarla con un desarmador la jaló hacia una de las jardineras en la colonia CTM Culhuacán, donde la atacó sexualmente y le robó sus pertenencias. 
 
Al interponer su denuncia ante la PGJDF y ver el retrato hablado del atacante, esa víctima lo señaló como el mismo que la había violado. 
 
Durante varios días los agentes de la Fiscalía de Delitos Sexuales estuvieron tras su pista hasta que lograron ubicarlo. El día que lo detuvieron, Joel Ernesto estuvo a punto de lesionar con un cuchillo a uno de los agentes que lo aprehendieron. 
En un primer momento, Joel Ernesto negó las acusaciones; sin embargo, ya descubierto, aceptó los hechos. 
 
  De acuerdo con las pruebas psicológicas que le realizaron en la Procuraduría capitalina, Joel Ernesto Rodríguez Zúñiga tiene una personalidad inmadura, con una gran necesidad de ser admirado y reconocido.
 
“Su valoración psicológica fue bien importante dentro del desarrollo de la investigación, él refiere que proviene de una familia disfuncional, a los cinco años es abandonado por su padre y queda al amparo de su madre”, explicó una de las personas que participó en la investigación.
 
Esas pruebas señalan que “trata de manera insistente de dar una buena imagen ante los demás y actúa en apariencia convencional, pero no logra adaptarse a lo establecido socialmente, por lo que es fácil que trasgreda las normas sociales”.
 
Como parte de esa misma batería de pruebas que le realizaron, la PGJ del Distrito Federal concluyó que “su sexualidad le genera conflicto, pues se muestra que se encuentra insatisfecho y expresando necesidades de reafirmación sexual, tratando de negar su problemática sexual y dar una buena imagen de sí mismo”.
 
Esos dictámenes, así como las declaraciones de las cuatro víctimas, fueron integradas al expediente con el que es enjuiciado Joel Ernesto por el juez 41 penal del Reclusorio Norte.

 

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