Artista del hampa

Juan José tenía una gran habilidad para robar a personas que ni siquiera notaban el atraco del que eran víctimas
Arturo Ortiz Mayén
17/12/2015 - 06:30

José Juan Hernández Pérez, “El Jarocho”, ladrón de la vieja escuela, de esos que robaban las pertenencias de sus víctimas sin que se dieran cuenta, decía ser un "artista" del hampa.

Cuando lo detuvieron, hace dos años, dijo no recordar cuántos robos sin violencia había cometido en terminales de autobuses de varios estados del país, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y centros comerciales. Lo que sí sabía es que eran bastantes.

El modo en que operaba parece simple, aunque no lo es: vestido generalmente con saco, se acercaba a las salas de espera de las terminales de autobuses, el aeropuerto o a las zonas de comida rápida de esos lugares.

Mientras los pasajeros esperaban su hora de salida, documentaban su equipaje o deambulaban, “El Jarocho” se colocaba cerca de las maletas, las abría con rapidez y sustraía dinero, computadoras, cámaras, joyas y otros objetos de valor.

En ocasiones metía sus manos a las bolsas de las mujeres mientras ellas las cargaban y sin que lo notaran las robaba.

Con las cosas en su poder salía de inmediato y junto con sus cómplices, otros dos hombres mayores de 40 años, huía a bordo de vehículos rentados. Así cometió decenas de robos en la terminal aérea de la ciudad.

Pero su suerte se acabó cuando policías de investigación de la PGJDF que le seguían la pista lo detuvieron en el Eje Central y avenida Juárez.

Lo identificaron con las fotografías que tenían de él, obtenidas de las cámaras de seguridad de la terminal dos del aeropuerto y otras que les entregaron en una de las agencias donde rentó los vehículos que usaba él y su banda para desplazarse.

AMPLIO HISTORIAL DELICTIVO

Una vez descubierto, Hernández Pérez no intentó negar los cargos.

Dijo vivir en la colonia Guerrero, ser originario de Ixtacamaxtitlán, Puebla, y que toda su vida se había dedicado a robar sin violencia, aprovechando la distracción de sus víctimas o recurriendo a la agilidad de sus dedos para aplicar el llamado “dos de bastos” y sustraer carteras.

Se descubrió que tenía varios ingresos a prisión y como sabía que lo buscaban por los múltiples atracos cometidos, también usaba la identidad de José Luis Narváez Díaz.

Con este nombre le encontraron una licencia de manejo que compró en la plaza de Santo Domingo, pues su verdadero nombre aparecía en los registros policiacos. Al ser presentado ante el Ministerio Público señaló que los objetos robados los vendía a comerciantes del Eje central y el Centro Histórico.

Dijo que su principal cómplice era un sujeto de nombre Carlos, alias “El Pitin”, originario de Guadalajara y con quien se reunía en hoteles del Centro Histórico o en las inmediaciones de la colonia Morelos antes de ir a robar.

Ambos fueron captados en los videos de las cámaras de seguridad del aeropuerto robando en las salas de espera y posteriormente escapando. Antes de consignarlo a prisión, la PGJDF lo vinculó con seis averiguaciones previas. Hoy, “El Jarocho”, continúa tras las rejas.  

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